“Un barco atracado en el puerto está más seguro, pero esa no es la finalidad para la que fue construido”, decía el famoso teólogo estadounidense William Shedd.
La ciencia ha demostrado que los seres humanos están programados genéticamente para vivir 38 años. Sin embargo, la capacidad del ser humano de contraatacar el ‘FIN’ físico impuesto con avances médicos, higiene, o cambios en su estilo de vida nos ha permitido triplicar esa cifra. Pues bien, la zona de confort es el ‘FIN’ – autoimpuesto mentalmente – del aprendizaje, de la emoción, del descubrimiento, de la creatividad, y – al fin y al cabo – del desarrollo personal. Un barco atracado en un puerto seguro estará a salvo. Sí. Pero los barcos han sido diseñados para adentrarse en otros mares, enfrentarse a las olas, y descubrir otros puertos en los que descansar.
Si piensas que podrías estar atrapado en tu zona de confort, este artículo es el incentivo ideal para reflexionar, respirar hondo, atreverse a avanzar, volver a respirar hondo, y aprender a disfrutar de la complejidad del viaje.
¿Qué es la zona de confort?
En el ámbito de la psicología, el término ‘zona de confort’ se usa para definir esa forma de existir en modo ‘piloto automático’, un área en la que nos sentimos a salvo y nos encontramos bien, sin tener que afrontar la ansiedad y el miedo que nos podría causar el simple hecho de asumir riesgos y abrirnos a nuevos desafíos. Aunque es cierto que es necesario tener una zona de confort donde poder ‘amarrar’, aferrarse a ella y no salir nunca dificultará nuestro desarrollo personal.

En términos gráficos, se trata de una muralla psicológica que construimos a nuestro alrededor y que incluye nuestros hábitos diarios, nuestras creencias, nuestra manera de pensar, de enfrentar el día a día, de relacionarnos con los demás. Dentro de este espacio, aparentemente casi todo está bajo control y a prueba de incertidumbre, estrés, ansiedad. Aferrarse a la zona de confort es la excusa perfecta para no transformar el ‘Me gustaría hacer…’ en ‘He hecho’ y el ‘quizás’ en ‘seguramente’.
¿Por qué puede ser negativo estar en la zona de confort?
En 1908, los psicólogos John D. Dodson y Robert M. Yerkes descubrieron que, para mejorar el rendimiento, las personas necesitan enfrentarse a un cierto nivel de estrés y ansiedad. Este espacio, definido como ansiedad óptima, se encuentra justo detrás de la muralla psicológica de la zona de confort. Nuestra zona de confort nos permite evitar la incertidumbre y los riesgos. Pero esa actitud es sinónimo de pasividad, apatía, predictibilidad, y monotonía, convirtiéndonos en esclavos de nuestros hábitos e impidiendo que crezcamos como personas y – últimamente – disfrutar de la vida. Experimentar una dosis sana de ansiedad – sin entrar en la denominada ‘zona de pánico’ – nos hará sentir vivos, nos fortalecerá, y fomentará nuestro crecimiento personal.
Les Brown, el famoso orador de desarrollo personal americano, decía: “Si te pones en una posición en la que tienes que salir de tu zona de confort, entonces estás obligado a expandir tu conciencia.” A la larga, permanecer siempre amarrados en nuestra zona de confort puede tener consecuencias desastrosas:
- Limitación personal: no salir de la zona de confort hace que no podamos vivir nuevas experiencias o enfrentarnos a nuevos retos, mermando nuestras habilidades, reduciendo la autoestima, y limitando nuestras expectativas, objetivos, ambiciones, y oportunidades de ser felices.
- Emociones negativas: a la larga, no salir de la zona de confort generará sentimientos negativos: apatía, frustración, sensación de estancamiento personal y laboral, aburrimiento, tristeza, etc.
- Dificultad para tomar decisiones y resolver problemas: al no salir nunca de nuestra zona de confort, nuestra capacidad de afrontar nuevos retos y tomar decisiones va disminuyendo.
- Aislamiento social: las personas que nos rodean seguirán creciendo y, poco a poco, nos daremos cuenta de que ya no tenemos mucho en común.
¿Cómo saber si estás en la zona de confort?
Las personas construyen sus murallas gradualmente, hábito sobre hábito, sin siquiera darse cuenta de que están limitando sus vidas. Estas son algunas señales que deberían hacer saltar todas las alarmas:
- Experimentas desmotivación y apatía. Tus días parecen un bucle que se repite una y otra vez, como si le dieras al replay todas las mañanas.
- Te cierras a todo lo que desafía tu rutina y sistema de creencias: nuevos retos, ideas, experiencias, etc. Cualquier nueva propuesta o plan se estrella siempre contra tu NO rotundo.
- Experimentas una sensación de vacío (emocional, intelectual, etc.) que no sabes cómo llenar.
- No asumes ningún riesgo por miedo a perder lo que ya tienes.
- Tienes una actitud pasiva frente a los problemas ajenos. Si la frase ‘No es problema mío’ suena familiar, estás estancado en tu zona de confort.
- Siempre tienes la excusa perfecta para no arriesgarte o enfrentarte a un nuevo reto.
- Desarrollas hábitos compulsivos que te sirven de colchón emocional para paliar la sensación de vacío: fumas o bebes más, limpias frenéticamente, te enganchas a algún juego, etc.
- Procrastinas frecuentemente: al dejar de sentirnos desafiados y motivados, solemos empezar a posponer las tareas y, muchas veces, incluso dejamos de actuar.
¿Cómo salir de la zona de confort?
Hasta cierto punto, vivir en nuestra zona de confort puede resultar reconfortante. Pero abrirnos a nuevas experiencias es la única forma de crecer. Nadie dice que será fácil. Pero tampoco es imposible. Si te sientes atascado, aquí tienes algunos ejercicios para salir de la zona de confort:
Enfréntate a nuevos desafíos

El primer paso para salir de la zona de confort es desafiar tu rutina. Establece una nueva meta (ej. conocer gente nueva, hacer algo que siempre has soñado hacer, meditar, asumir un nuevo reto laboral, etc.) y pon todo tu empeño en alcanzarla. Transforma el miedo y la inseguridad en pura emoción.
Anticipa las excusas y no permitas que tomen el control

Identifica las excusas que usas siempre y que te impiden avanzar. Hay que reemplazarlas con motivaciones: aumentar tu autoestima, experimentar cosas nuevas y estimulantes, recuperar las ganas de vivir, etc.
Abre tu mente y oblígate a rediseñar tu forma de pensar

Permítete experimentar contextos desafiantes. Si, por ejemplo, piensas que socializar no es lo tuyo, oblígate a entablar una conversación con un desconocido. Una actitud flexible te ayudará a adaptarte a todos los escenarios que puedan surgir y aprender de ellos.
Enfréntate a algo nuevo cada día

Buscar nuevos estímulos en tu rutina diaria son pequeños pasos hacia logros mayores. Por ejemplo, puedes empezar cambiando tu ruta para ir a trabajar o ponerte una prenda que normalmente consideres ‘fuera de tu estilo’.
Beneficios de salir de tu zona de confort
Evidentemente, salir de nuestra zona de confort no debe transformarse en una obsesión, en una búsqueda constante de emociones y novedad. La mejor estrategia es escoger con criterio aquellas actividades o metas que realmente nos interesan y nos puedan beneficiar. ¿Por qué es importante salir de la zona de confort? Aquí hay algunas razones:
- Seguirás desarrollándote como persona y aprenderás a enfrentarte a situaciones desafiantes sin pagar un precio emocional demasiado alto
- Te permitirá vivir nuevas experiencias gratificantes
- Estimulará tu creatividad
- Mejorarás tu autoconfianza al enfrentarse con éxito a nuevas situaciones y retos
- Adquirirás nuevas habilidades que te permitirán crear nuevos hábitos o enfrentarte con éxito a situaciones complicadas



