Te despiertas con los primeros rayos de sol, te levantas, te das una ducha rápida, preparas tu café y te sientas en tu sillón con el amanecer de fondo. Es un día como otro cualquiera. No es un momento extraordinario.
Sin embargo, basta con que no tengas agua, el café se haya terminado o tengas que vestirte y salir corriendo al trabajo, para que, de pronto, algo cotidiano se convierta en sumamente valioso. Solo entonces empiezas a echar de menos ese momento. Y es ahí cuando te das cuenta de que no supiste valorarlo en su justa medida…hasta que lo perdiste.
¿Por qué nos sucede esto tan a menudo? ¿Por qué nos enfocamos más en lo que no tenemos mientras infravaloramos lo cotidiano? ¿Estamos programados para desear lo que nos falta en lugar de agradecer lo que poseemos? Pues, en parte, sí. En Mentee te contamos por qué nos cuesta tanto valorar lo que tenemos y qué podemos hacer para cultivar una mirada más consciente y agradecida.
Valoramos más lo que no tenemos que lo que tenemos, según la ciencia
No, no es solo una percepción personal. No te sucede solo a ti. Valorar más lo que no tenemos que lo que poseemos es un patrón psicológico profundamente humano. Y no está relacionado con la valía intrínseca de las cosas, las personas o los momentos, sino con nuestra interpretación de todo ello y su papel en cada momento de nuestras vidas. Pero, ¿de qué depende exactamente que apreciemos más lo que no tenemos que aquello que sí poseemos?
Adaptación hedónica
Cuando nos acostumbramos a tener o disfrutar algo, dejamos de apreciarlo. Es lo que en el ámbito de la psicología se conoce como adaptación hedónica. Básicamente, se refiere al proceso de normalización de las experiencias positivas que, a golpe de repetirse una y otra vez, terminan por adormecer nuestras emociones y satisfacción. Así lo comprobó un estudio de la Universidad de Missouri en el que se encontró que las personas solemos experimentar un alto nivel de felicidad inmediatamente después de un cambio positivo, pero esta alegría va disminuyendo conforme pasan las semanas.
Necesidades variables
Imagina que estás sentado en el sofá de tu casa tranquilamente. Sin más. Si alguien te preguntara cuánto valoras ese momento, probablemente dirías que muy poco. Ahora, imagina que llevas más de tres horas caminando bajo el sol intenso y aún te queda mucho por andar. Entonces, sentarte en ese sofá sería la gloria. Y es que a menudo tendemos a valorar las cosas o situaciones según nuestras necesidades. Si satisfacen una necesidad imperiosa, pasan a tener un gran valor para nosotros. De lo contrario, se convierten en ordinarias.
Efecto de escasez
Otro de los motivos que nos llevan a no valorar tanto lo que tenemos es el efecto de escasez. Básicamente, cuando creemos que algo es limitado, único o difícil de conseguir solemos valorarlo mucho más que cuando se trata de algo común u “ordinario”. Y esto nos lleva no solo a comprar cosas que no necesitamos porque nos parecen realmente valiosas, sino también a disfrutar más de algunas experiencias porque sabemos que no se repetirán o, en cambio, a pasar por alto momentos únicos porque nos parecen algo cotidiano.
Comparación con los demás
A la mayoría de las personas nos gusta compararnos con el resto. Es una manera de “medir” nuestro éxito, habilidades, productividad o simplemente una forma de definir que vamos por buen camino. Sin embargo, la comparación también encierra una trampa: nos hace subestimar lo que somos y sobrevalorar lo que tienen los demás. Un fenómeno que se ha intensificado aún más con la llegada de las redes sociales, donde es muy fácil caer víctima de la comparación crónica. Así terminamos infravalorando nuestras vidas perfectamente imperfectas y admirando las vidas utópicas que se reflejan a través de la pantalla.
Deseo perpetuo
El deseo es uno de los motores impulsores de la conducta humana. Deseamos lo que no tenemos. Y eso no solo dispara nuestros niveles de dopamina, haciendo que nos sintamos mejor, sino que nos ayuda a movilizarnos, a mejorar y a crecer cada día como personas. ¿El problema? Cuando damos rienda suelta a nuestros deseos y nos volvemos adictos a ese “subidón” pasajero que sentimos al conseguir nuestras metas. Un hábito que nos mantiene con la vista puesta en el futuro y nos impide disfrutar del momento presente y de lo que tenemos ahora.
5 claves para aprender a valorar lo que tenemos…de verdad

Quizá estemos prediseñados para apreciar más lo que nos falta, pero eso no significa que sea imposible aprender a valorar lo que tenemos. He aquí cinco herramientas con base psicológica que pueden ayudarte a cultivar una mirada más auténtica y consciente hacia lo que ya forma parte de tu vida.
Practica la gratitud con intención, no solo con palabras
Sentirse agradecido por quienes somos, lo que hemos conseguido o lo que tenemos es una de las formas más sencillas de aprender a valorar nuestra vida presente. Así lo reveló un estudio realizado en la Universidad de California en el que se demostró que las personas que practicaban la gratitud a diario reportaban un mayor bienestar psicológico, más optimismo y una mejor salud física.
Sin embargo, para que funcione, la gratitud no solo debe pensarse o expresarse, sino también sentirse. ¿Cómo conseguirlo? Elije alguna experiencia común de tu día, despertarte cada mañana, hablar con alguien querido o simplemente degustar una comida que te guste. Ahora, detente un momento a disfrutarla. Siente lo que implica hacer o tener eso. Una manera sencilla, pero efectiva de activar áreas de tu cerebro relacionadas con el bienestar, como el córtex prefrontal y el sistema de recompensa.
Identifica tu sesgo de escasez
Muchas veces no somos capaces de valorar lo que tenemos porque nuestra mente está enfocada en lo que nos falta. Algo que en el ámbito de la psicología conocemos como sesgo de escasez. Básicamente, estamos tan preocupados por lo que no poseemos que todo lo demás se torna invisible y no podemos apreciarlo en su justa medida.
¿Cómo revertir esta situación? Detecta los pensamientos que indican carencia: “Me falta esto”, “necesito aquello”, “quiero llegar a…” o “si tuviese…”. Ahora, detén esos pensamientos y sustitúyelos por una pregunta sencilla, pero profundamente efectiva: “¿Qué tengo ahora?” Se trata de un ejercicio de reencuadre cognitivo que te ayudará a devolver el foco del futuro al momento presente.
Mira tu realidad con nuevos ojos
A veces lo que necesitamos no son nuevas cosas, experiencias o relaciones, sino aprender a mirar lo que tenemos con nuevos ojos. Y esto, no solo implica deshacerse de todos los sesgos que nos impiden centrarnos en el momento presente, sino también cambiar nuestra interpretación de la realidad.
¿Cómo lograrlo? Existe un ejercicio simple que puede ayudarte. Elije un momento cotidiano de tu día a día, como el café de la mañana, la ducha antes de ir a la cama o el beso de despedida de tu pareja, y pregúntate “¿Cómo me sentiría si esta fuera la última vez que lo vivo?” ¿Cómo te sentirías si fuese el último café matutino, la última ducha de la noche o el último beso que le das a tu pareja? Perder mentalmente lo que posees ahora, puede ayudarte a valorarlo en su justa medida.
Vive plenamente el momento
No se puede valorar lo que no se vive. Si pasas el día en piloto automático, comiendo sin saborear la comida, hablando sin escuchar a los demás, viviendo sin estar plenamente presentes… ¿cómo vas a agradecer lo que tienes en tu vida?
Una buena manera de trabajarlo consiste en practica el mindfulness. Y no, no es necesario que dediques una hora al día a meditar. Basta que elijas un momento del día, mientras te duchas, comes o vas de camino al trabajo y lo vivas con todos los sentidos. ¿Qué sientes en este preciso instante? A fin de cuentas, estar presente no solo mejora tu salud mental, sino que también te permite reconocer el valor de las pequeñas cosas.
Revisa tus metas
Muchas veces no valoramos lo que tenemos porque estamos persiguiendo metas que ni siquiera nos pertenecen. ¿Realmente necesitas tener más cosas, ganar más dinero o alcanzar ese ideal de vida que ves en Instagram? ¿O ya tienes algo profundamente valioso, pero lo estás ignorando por comparar tu vida con un ideal irreal?
Dedica un momento a reflexionar sobre tus metas y tu concepto de plenitud, felicidad o éxito. Sé honesto y realista, piensa en lo que tú quieres, no en lo que quiere el resto. Cuando alineas tu vida con tu propia brújula interna, empiezas a notar lo que realmente es importante para ti y aprendes a valorarlo.
Por último, recuerda que valorar lo que tenemos es un acto de presencia, de humildad y de reeducación emocional. No se trata de ignorar lo que nos falta, sino de reconciliarnos con lo que ya nos habita. Porque lo verdaderamente valioso no siempre brilla, no siempre hace ruido. A veces está ahí, en forma de rutina, de gesto pequeño, de abrazo diario, esperando a que abramos los ojos del alma para decir: “gracias por estar”.



