Tomar una decisión implica comparar varias alternativas e identificar cuál de ellas será la más beneficiosa. Cada vez que nos enfrentamos a un conflicto, debemos tomar una decisión: desde algo tan simple como qué ropa ponernos, hasta algo que puede impactar a nivel social, como una decisión laboral o el candidato que vamos a votar en las elecciones.
Todas nuestras decisiones tienen consecuencias y, por ello, es necesario aprender a evaluar cada una de las posibles alternativas. A continuación, te contamos qué es la toma de decisiones, cuál es el proceso para tomar una determinación cuando se presenta un problema y cómo evitar las malas decisiones.
¿Qué es la toma de decisiones?
La toma de decisiones es, básicamente, la resolución de un problema. El teórico William T. Greenwood, autor de Teoría de decisiones y sistemas de información, señala que la toma de decisiones implica “la elección entre varias alternativas posibles, teniendo en cuenta la limitación de los recursos y con el ánimo de conseguir algún resultado deseado”.
Sin embargo, a pesar de que afrontamos problemas que requieren tomar decisiones todos los días, nuestra cabeza no suele generar demasiados conflictos. Según la psicología, los seres humanos tomamos atajos mentales que son conocidos como “heurísticos” y que nos permiten resolver los problemas de una forma superficial.

Simplificar los problemas nos obliga a reducir todas las alternativas posibles a una decisión: la más fácil y rápida de implementar. Pero esta solución no es la recomendada, sobre todo cuando nos estamos enfrentando a conflictos importantes. Al no analizar todas las vías de escape posibles ante un problema, se aumentan los riesgos de que las consecuencias no sean las deseadas. Por ello, en una toma de decisiones, es importante seguir paso a paso un proceso.
¿Cuál es el proceso de la toma de decisiones?
El proceso de toma de decisiones se basa en una serie de pasos que permitirán alcanzar los objetivos propuestos. Este proceso puede ser más rápido o lento, dependiendo de la gravedad del conflicto a resolver. A continuación, te detallamos cuáles son los pasos del proceso de toma de decisiones que puedes tomar en consideración:
Definir el problema
Lo primero que debemos hacer es un análisis del problema presentado. Para ello, es necesario tener en cuenta los factores estratégicos y críticos que lo definen, e intentar identificar qué es lo que obstaculiza una solución adecuada. Es decir: hay que recabar toda la información relevante del problema.
Identificar las alternativas
Una vez que el problema está sobre la mesa, es momento de pensar en diferentes alternativas para resolverlo. A veces puede haber dos opciones muy claras (por ejemplo, si lo trasladamos al ámbito laboral, un gerente puede dudar si contratar o no a una persona, o un empleado puede estar pensando en renunciar o no a su trabajo), pero en otras oportunidades puede haber varias opciones más: todo dependerá de la naturaleza del problema. ¡No dejes ninguna alternativa afuera! En esta instancia, todas las voces son válidas (siempre y cuando propongan soluciones coherentes y viables, claro).
Analizar las alternativas
Es momento de sopesar y analizar detalladamente cada una de las alternativas escogidas. Una buena idea es adelantarse a los resultados para prever posibles complicaciones. A través de un proceso meticuloso, deberás evaluar los beneficios y las desventajas de cada una de las opciones. Valora el impacto y su efectividad.
Si la toma de decisiones tiene que ver con el plano laboral, es importante analizar cómo afectaría cada decisión al conjunto general de la empresa. Pregúntate si habrá dificultades en su implementación y cuáles serán los costos económicos.
Establecer criterios

Ya hemos analizado todas las opciones y se supone que nos hemos quedado con un número reducido. Estamos muy cerca de llegar al paso final: la decisión. Sin embargo, antes de eso tenemos que establecer ciertos métodos: si la elección será individual, basada en la jerarquía o la experiencia, o si será grupal, basada en una votación. También puede recurrirse a métodos cuantitativos, sobre todo cuando están en juego datos sensibles, para obtener previsiones. Por último, siempre se puede acudir a una persona externa para que nos dé su visión.
Ejecutar la decisión y tomar acción
Tras tomar la decisión que tenga mayores posibilidades de alcanzar el objetivo que te propones, esta debe ser comunicada a todas las personas que puedan verse afectadas. Luego, es momento de actuar. En esta instancia, se debe desarrollar un plan estratégico de implementación.
Evaluar los resultados

Un control de seguimiento te permitirá identificar las consecuencias de la decisión que has tomado. Es posible que los resultados no sean los esperados o que tarden demasiado en llegar. Si esto ocurre, puedes volver atrás para corregir o reconsiderar ciertos aspectos. Si las consecuencias son las esperadas y se ha dado solución al problema, habrás llegado al final del proceso.
Elaborar un informe
Nunca está de más (sobre todo, cuando hablamos de toma de decisiones relacionadas al trabajo) realizar un informe para consignar, de forma detallada y metódica, cómo fue el proceso de toma de la decisión. Este informe contribuirá a la toma de decisiones en el futuro, ya que funcionará como un documento de experiencias de gran importancia.
Factores que influyen en la toma de decisiones
A la hora de tomar decisiones, no solo influye la naturaleza del conflicto a resolver y el método que se use. También existe una serie de factores que pueden afectar la decisión.
- El tiempo. A veces, la presión del reloj puede llevarnos a escoger opciones de forma precipitada. En las empresas, el tiempo para tomar decisiones es limitado, porque la urgencia en la resolución de conflictos suele ser alta.
- El entorno. Para tomar una decisión necesitamos un ambiente tranquilo para dedicar toda nuestra atención a ese problema y su posible resolución. Algunos estudios demuestran que el ruido ambiental potencia la eficiencia de nuestras mentes en relación con la creatividad, así que concentrarte en una cafetería o en el parque podría ser una gran idea.
- La actitud. El estado de ánimo puede incidir en la toma de una decisión adecuada. A veces, un estado de placer y bienestar podría difuminar los posibles resultados negativos de una decisión. Del mismo modo, un estado de ánimo negativo podría no estar considerando los beneficios.
- Las experiencias. Experiencias pasadas y sus resultados pueden ayudarnos a entender cómo podría resultar una u otra opción.
- La cultura. En este punto entran en juego aspectos como la moral y la ética. Nuestras visiones e ideas condicionarán nuestra decisión final.
¿Cómo evitar las malas decisiones?
Recuerda que, para evitar las malas decisiones, debes ignorar los atajos mentales y enfocarte en distintas posibilidades, evaluando su viabilidad e implementación.
En primer lugar, es importante que evites el efecto halo. Este se trata de afirmaciones irreales o exageradas sobre ciertas circunstancias. Este error es muy común cuando no contamos con los datos suficientes.
Por otro lado, ten en cuenta la inteligencia emocional: controlar las emociones es fundamental para no tomar una decisión guiada por el enfado o el entusiasmo, por ejemplo. Aísla el problema y relaciónate con él de forma responsable.
Sé flexible. Evita el sesgo de confirmación, que se da cuando no se modifican las creencias cuando es necesario.
Por último, deja de lado el temor. A veces, por miedo al rechazo, no manifestamos nuestras opiniones. Recuerda que, en el primer paso de la toma de decisiones, todas las propuestas son válidas: ¡ya habrá tiempo de descartarlas!



