La muerte de un ser querido duele.
Saber que se ha ido para siempre, que ya no pasarás más tiempo con esa persona, provoca un dolor enorme y una sensación de vacío difícil de llenar. Ya se trate de una muerte anunciada o inesperada, nada nos prepara para ese sufrimiento. No hay palabras de aliento ni apoyos suficientes que nos ayuden a sanar la herida. No hay remiendos ni bálsamos que nos ayuden a sentir mejor. Debemos dejar que el tiempo pase y atravesar el duelo.
Sin embargo, aunque no hay atajos posibles, conocer cómo nos afecta puede ayudarnos a comprender mejor lo que sentimos, un paso esencial para superar la muerte de un ser querido y retomar nuestras vidas sin esa persona.
Mirando en nuestro interior, así nos afecta la muerte de un ser querido
Cada persona asume y reacciona de manera distinta a la muerte de un ser querido. Hay quienes prefieren afrontar el dolor a solas o con la compañía de alguien cercano mientras que otros escogen rodearse de personas que les ayude a atenuar su tristeza. Sin embargo, independientemente de cómo reacciones a una situación así, hay sentimientos que es prácticamente imposible de evitar.
- Shock emocional. Una de las primeras reacciones ante la muerte de un ser querido suele ser el shock emocional. Después del llanto y la desesperación de las primeras horas llega un estado de analgesia emocional que anestesia el dolor y nos permite afrontar esos primeros días como si nada hubiese pasado. En muchos casos, a esa sensación de indiferencia o abstracción se suma un estado de confusión y desorientación. Se trata de una estrategia de nuestra mente que nos ayuda a asumir lo sucedido e ir elaborando el duelo.
- Otra de las reacciones más comunes e intensas que experimentamos ante una pérdida es un profundo dolor que no encuentra sosiego con nada. Algunas personas llegan a describirlo como si les sacaran el corazón o se les fuera la vida. Se trata de un sufrimiento tan penetrante que no solo se manifiesta a nivel emocional, sino que también puede reflejarse a nivel físico. A menudo se acompaña de debilidad generalizada, dolor en la boca del estómago, inapetencia, dolores de cabeza u opresión en el pecho.
- Cuando alguien querido muere es normal sentirse triste. En muchos casos, esa tristeza se acompaña de nostalgia, sensación de abandono o apatía. De hecho, es bastante común que durante las primeras semanas perdamos el interés por las cosas que nos rodean y pensemos que todo ha perdido su sentido. No en vano, muchas de las personas que ha perdido a un ser querido desarrollan síntomas depresivos durante los meses posteriores a la muerte y, en algunos casos, estos síntomas se mantienen al cabo de un año.
- Muchas personas también se sienten culpables ante la pérdida de alguien cercano. Culpables por haber propiciado la muerte o no haberla evitado, por no haber ayudado más a esa persona, no haber sido más empático o no haberle dicho cuánto le quería. Una culpa que se acompaña de remordimientos y arrepentimientos por lo que pudo ser y no fue que puede conducir a una espiral de recriminaciones que solo hacen acentuar el dolor y el sufrimiento por la pérdida.
- Al dolor por la muerte de un ser querido, a menudo se suma la ira y la rabia. Ya sea porque nos parece una muerte cruel e injusta, sobre todo cuando se trata de alguien joven, porque culpamos a alguien más por la pérdida o porque pensamos que podíamos haber hecho algo más, es normal sentirse enfadado con uno mismo o con el mundo. Se trata de un mecanismo de defensa que nos ayuda a lidiar con la pérdida, intentando encontrar una explicación a lo sucedido.
Vale destacar que las consecuencias de una pérdida no solo se limitan al plano emocional, sino que también pueden afectar nuestra salud. Se ha demostrado que tras la muerte de alguien querido nuestro sistema inmune se deprime y somos más vulnerables a enfermar. Un estudio realizado en la Universidad de Harvard, por ejemplo, encontró que el riesgo de morir aumenta durante el luto, sobre todo si se cuenta con una patología crónica previa. Es lo que se conoce como “efecto viudedad”.
5 claves para superar la muerte de un ser querido

Cada persona tiene sus propios recursos para afrontar una pérdida y lidiar con el dolor de la mejor manera posible. No hay una forma más efectiva que otra. Cada quien sabe lo que necesita e intenta encontrar su equilibrio como sabe o como puede. Sin embargo, hay algunos recursos psicológicos que pueden ayudar a superar la muerte de un ser querido con más facilidad y evitar que te quedes atascado en un duelo que nunca sana.
He aquí algunas recomendaciones que pueden ayudar a cualquier persona que esté atravesando por esta situación:
Abraza tus sentimientos
La pérdida de un ser querido desata una gran cantidad de emociones intensas, a menudo difíciles de controlar. No las anestesies. No pongas límites a lo que deberías sentir ni permitas que otras personas te digan qué deberías experimentar. Date permiso para estar enfadado, para abstraerte del mundo, para llorar y gritar. Reconocer y expresar tus sentimientos, aunque sean dolorosos, es un paso importante para comenzar a sobreponerte.
Sé amable contigo mismo
A veces es normal sentirse culpable por la pérdida de alguien querido o por cómo gestionamos el duelo. Sin embargo, esa culpa no hará sino empeorar el sufrimiento. Evita culparte y acepta tus emociones. Perdónate por todo lo que dijiste e hiciste, o lo que no, así como por la manera en la que estás gestionando tu pérdida. Comprende que cada persona afronta este momento como mejor sabe o puede y sé amable contigo mismo. Trátate con benevolencia y no te presiones.
Habla sobre la pérdida con otras personas
Ante una pérdida dolorosa, muchas personas optan por aislarse y encerrarse en sí mismas. Sin embargo, esta es una de las peores decisiones que puedes tomar. Quizá necesites un tiempo para estar contigo mismo a solas, pero luego busca apoyo en las personas que te rodean. Habla sobre tu pérdida, las experiencias compartidas con esa persona y tus recuerdos. Escucha lo que los demás tienen que decir. Abrirte con los amigos y/o familiares no solo te ayudará a aliviar el dolor, sino también a procesar lo ocurrido.
Aférrate a tus rutinas
Cuando alguien cercano muere es normal que nuestro mundo se ponga patas arriba y no sepamos cómo retomar las riendas de nuestra vida. Sin embargo, es en esos momentos cuando más necesitas contar con una rutina que te ayude a no perder el contacto con la realidad y a cuidar de ti y los tuyos. Retoma tus responsabilidades y tus hábitos de autocuidado. Sal a hacer ejercicio, pasea en la naturaleza, toma una siesta o practica meditación mindfulness.
Ten paciencia
El duelo es un proceso personal. Cada persona lo afronta de una manera diferente. Por tanto, evita compararte con otros y date permiso para experimentar el duelo a tu propio ritmo. Ten paciencia y evita presionarte. El paso del tiempo quizá no cure todo, pero ayudará a que el dolor mitigue y a que recuperes las ganas por vivir. Ve paso a paso. Es mejor ir sanando lentamente que usar atajos para sentirte mejor y luego volver atrás.
Por último, recuerda que no existe un tiempo estándar para superar la muerte de un ser querido. Tampoco se trata de un proceso progresivo, durante el camino hay altibajos y retrocesos, es completamente normal. Sin embargo, con el paso del tiempo deberías empezar a sentirte mejor. Si esto no ocurre, es importante buscar ayuda no solo entre familiares y amigos sino también de un psicólogo que te ayude a lidiar con la tristeza y el dolor de la pérdida. Así no solo podrás recuperar tu equilibrio mental, sino también sentirte mejor contigo mismo que, al final, es lo que esa persona que has perdido querría para ti.



