Retiro de Meditación de 10 días.

Meditando en la mañana

Hablar de la experiencia de mi primer retiro de meditación de 10 días parece como contaros mi primera experiencia sexual.

 

Algo tan íntimo, que asusta. No estamos acostumbrados a desnudarnos emocionalmente.

 

La mente enseguida busca una buena excusa para guardarse los secretos más profundos.

 

Tenemos buenas razones para no abrirnos como un libro. Esto conlleva que nos puedan herir.

 

Sin embargo, esos roces que surgen cuando nos abrimos plenamente, son los que nos hacen crecer e intimar con nosotros mismos.

 

Un corazón roto se puede sanar, y latir más fuerte que nunca.

 

Un corazón enjaulado por el miedo a ser lastimado, vivirá sin saber lo que es sentir.

 

Otro motivo para no compartir nuestras experiencias más profundas, es el miedo a conectar genuinamente con otros.

 

Se suele justificar con: a quién le va importar lo que pasa dentro de mi?

 

Esa excusa, enmascará una verdad universal.

 

Todos los seres humanos buscamos la felicidad, y huimos del sufrimiento. 

 

Esto nos acerca a cualquier persona, sin importar el cascarón.

 

No hay mejor manera de crear un vínculo que compartiendo genuinamente lo que sentimos.

Espero poder abrirme cuál enciclopedia y que mi experiencia en este retiro te pueda aportar.

 

 Preparativos ¿Qué llevar?


Quien me conoce sabe que mi planificación suele ser de última hora, o como digo yo, cuando hace falta.

 

Preparé la maleta la misma mañana del retiro. Aparte de ropa para 10 días, lleve mi esterilla de yoga, manta, cojín, banquito de meditación, tapones para los oídos, antifaz, y una linterna de cabeza. 

 

Al no usar el móvil, lleve un reloj que hacía también de despertador.

 

La segunda parte son los preparativos mentales. Sin duda más importantes. 

 

Hacer una lista con los imprevistos que puedan surgir y las personas en que puedes delegar.

 

Todo lo que te pueda generar estrés, búscale una solución. Ya sea un contestador automático en el email, o avisar a las personas necesarias.

 

Esto podríamos aplicarlo también los fines de semanas, y vacaciones. Poner los sistemas para proteger nuestro tiempo de descanso y ocio, sin interrupciones de trabajo.

 

En el centro dónde fuí tenían un número para que pudiesen contactar en caso de emergencia.

 

Cuanto más preparado vayas, menos excusas le darás a la mente para divagar en las meditaciones sobre qué tenías que haber hecho, o tendrás que hacer a la vuelta.

 

Reducir el ruido los días anteriores al retiro también ayuda con la transición.

 

En mi caso,  dejé de consumir café una semana antes. Para evitar el mono si no podía tomarme mi expreso de la mañana.

No hay que obsesionarse, el objetivo es llegar lo más tranquilo posible. ¡Puede que para ti sea no planear nada!

 

Expectativas. Dejalas en casa.

 

No esperar nada suele ser la mejor actitud, ante el retiro y la vida en general.

 

En mi caso no hice mucha investigación previa. Creo que ayuda a no condicionarnos y dejar que la experiencia te sorprenda.

 

Mi retiro ha sido totalmente diferente al de mis compañeros. Cada uno vamos con unas circunstancias únicas. 

 

No fué lo que yo esperaba, pero si lo que necesitaba. Es la mejor manera de escribirlo.

Imaginaba que estaríamos meditando y contemplando todo el día. Lo primero acerté. Lo segundo no tanto. El tiempo estaba bastante estructurado, y justo pensar era lo que no se buscaba. Más bien apagar la mente discursiva.

 

Comienza el retiro.

Día 1. Emoción.

Llegó el día esperado. Comenzamos un miércoles por la tarde. Hice el check in en mi habitación compartida con otros 3 meditadores.

 

El planning sonaba maravilloso.

 

Por la mañana nos despertaban con una campanita a las 5:30am. A las 6am, oraciones y meditación. A las 7:15am Hatha Yoga. Luego desayuno y tiempo para dar un paseo o escribir en el diario.

 

De 10am a 1pm 3 sesiones de meditación de 40 minutos con descansos. Comida y tiempo para pasear.

 

De 4pm a 8pm enseñanzas y dos sesiones de meditación. Cena a las 8pm, y dormir a las 10pm.

 

En total 6 sesiones de meditación al día. Unas 4h-5h meditando.

 

Día 2. Resistencia.

La emoción inicial se evaporó por la noche, en cuanto mi compañero de litera empezó a roncar cómo un león. 

Fué toda una batalla mental.

Pensaba en irme a casa, en mi mala suerte, en el egoísmo del roncador, y toda clase de pensamientos negativos. 

Acabé durmiendo en mi esterilla de yoga en el suelo, en el pasillo de la habitación, lo más alejado del epicentro del terremoto.

El segundo día se añadió un dolor de espalda insoportable, al cansancio de no haber dormido.

No me podía relajar en las meditaciones, llegando a plantearme que esto no era para mi.

Mi ego estaba retorciéndose. Tantas cosas que no le gustaban, la única opción que veía era la huida. 

 

Día 3. Compasión.

Por suerte el tercer día comenzamos con el silencio.

De repente el volumen se redujo al mínimo. Sensación extraña al principio, pero muy agradable y relajante en cuanto me acostumbré. 

Comencé a profundizar más en las meditaciones y en mi.

Comprendí el trabajo que tenía que hacer. 

Encarar la incomodidad, ir más allá y ver qué regalo hay detrás.

Soltar el control, y abrazar el momento presente sin querer retocarlo.

No huir o querer cambiar la realidad. Esas resistencias eran las que me generaban sufrimiento.

De pronto, mi enemigo roncador, se convirtió en Lucho.

Sentí compasión, y cariño hacía él. Estaba haciendo lo mejor que podía con sus circunstancias. Tenía cero maldad, al contrario, tenía toda la intención de cambiar la situación.

Los ronquidos se transformaron en olas del mar.

 

Día 4. Aceptación.

El 4 día me imaginé en el km 33 de una maratón. Un muro físico y mental que romper.

Me dolía mucho la espalda. Tanto que no lograba meditar bien y no estaba a gusto.

Quería tirar la toalla. Mi plan era disfrutar de este retiro, no sufrirlo.

Hubo un click interno. Casi pude escucharlo.

Solté. Mi ego, mi orgullo, mis manías, mis conceptos, mi mente.

Cambié a meditar en una silla. Dejando de lado el orgullo.

Logré relajarme, conectarme con la meditación, sentí mucha paz y tranquilidad.

En las comidas, no buscaba el mejor trozo, querer más cantidad o repetir. Simplemente agradeciendo lo que me servían en el plato. No poder hablar también ayudó : )

Entendí una de mis mayores debilidades, la arrogancia. 

De pequeño creía que lo sabía todo, y no escuchaba a los demás.

Posiblemente por no sentirme valorado por mis padres, no desarrollé ese amor propio.

Este mecanismo, no es más que un intento de ocultar una baja autoestima.

Sus efectos son devastadores para el desarrollo. Nos hace rígidos y cerrados a nuevas ideas.

No aceptamos que alguien nos corrija, desfie, o contradiga nuestra opinión.

 

Día 5.Humildad.

La humildad y la escucha son las cualidades que más tenemos que practicar para desarrollarnos y florecer como persona.

Me baje del caballo del ego. Me convertí en aprendiz. Con los ojos y la mente abierta.

Antes del retiro, me consideraba un meditador avanzado. 

Ahora sentía que empezaba de cero.

Lo mismo con las clases de yoga de la mañana.

Dejé de lado todo lo que hasta ahora sabía. Y me dediqué a absorber cuál esponja.

Día 6. Fé.

Esta palabra chirría como un cuchillo cortando un plato. Más creciendo en una familia laica.

Suena a creérselo todo. A no usar nuestro juicio, y dejarnos llevar ciegamente.

Mientras desayunaba, un monje rompió el silencio en el comedor diciendo que los coches aparcados en la entrada superior del centro obstaculizaban el paso de una grúa.

Pese a que antes del retiro nos habían mandado instrucciones de dónde aparcar, y dónde NO.

Al llegar y ver más coches aparcados en la entrada el primer día, decidí dejarlo allí, creyendo que no molestaba. Iba a ser sólo para descargar la maleta.  Pregunté a un compañero, y me dijo que se podía aparcar sin problema todo el retiro.

Cuando subí todavía tragando los cereales, moví el coche, pese a no estar mal aparcado.

Así es como comprendí la fé.

Es algo que tienes que creer. Aunque todavía no lo puedas ver con tu nivel de conciencia actual o información.

No se trata de fé ciega. Sino de entregarse a algo que todavía no puedes comprender.

Como tus primeros pasos de pequeño, no són más que un salto de fé.

En el caso del coche. Entendí que si todo el mundo aparcaba en la puerta, acabaría dificultando el tráfico de los vecinos, y se generaría mal rollo. Obviamente por un par de coches, no afectaba. Pero la actitud de voy de listillo, aparco yo, era muy egoísta. 

Es fácil ver la ignorancia ajena. Pero no tanto cuando esa ignorancia es propia.

Ahora sé que haré cosas de manera inconsciente y que puedan molestar a los demás.

Los siguientes días, practiqué la fé. Desde las enseñanzas de la tarde con el Lama Rinchen hasta las oraciones en tibetano de la mañana, cuyo sentido no llegaba a comprender.

 

Día 7. Amor.

Solté el corazón. En un momento de la meditación llegué a percibir mi corazón en el lado izquierdo del pecho. 

De repente desapareció la tensión en la espalda y hombros, que tanto había resistido los días anteriores.

Me sentí lleno. Como si hubiese desatascado las arterias del corazón que reparten amor por todo el cuerpo.

El dolor de espalda, entendí, tenía que ver menos con la postura que con un bloqueo interno.

De pequeño creamos un castillo alrededor del corazón.

Pensando que así estaremos a salvo de que nos dañen. 

De mayor, nos olvidamos de romper esos muros y dejar que brille.

No hay mayor energía que la del amor. 

Simplemente hay que ir removiendo todos los obstáculos, que nos alejan de ello.

Nuestro estado natural es el amor. No odio, ira o frustración.

 

Día 8. El sentido de la vida.

Después de cenar, fuí a unas rocas a ver el atardecer y las estrellas despertar.

Momento mágico, flotaba y era consciencia.

No había rastro de la vocecilla en off o la mente discursiva.

El paisaje, colores, olores y sonidos eran tan nítidos que se podían enfrascar.

Cuál era el sentido de la vida, me pregunté?

El que tu elijas. 

Escuchar los pajaritos, o el ruido de la autovía.

No hay sentido universal. El sentido que tu quieras darle y dónde pongas tu atención.

Las preguntas importantes de la vida hay que sentirlas, no pensarlas.

La diferencia es comprender, o razonar.

Tenemos acceso ilimitado a libros con las respuestas a todas nuestras dudas existenciales.

Sabemos leer, pero olvidamos la capacidad de comprender fuera de la mente.

Día 9. Calma.

Siento un profundo calor y agradecimiento por la vida. Me acosté por última noche en mi esterilla de yoga en el suelo, y no podía parar de sonreír sin ningún motivo.

La quietud y paz que siento es inmensa.

Sé que es la punta del iceberg. Saborear como es nuestro estado natural.

Pero una vez que lo pruebas, no puedes seguir engañándote.

Ya sabes a dónde quieres ir ( o volver).

 

Día 10. Ruido.

Ahora hay que integrarlo de vuelta a nuestra caótica vida.

Volveremos a sentir estrés, frustración y otras emociones negativas.

Simplemente no dejar que estas nos definan.

Dónde hay resistencia, hay aprendizaje.

Saber que estamos en el buen camino. Ser compasivos, aceptarnos y aceptar, querernos y querer.

Un retiro es como un laboratorio.

Creando las condiciones idóneas para testear y profundizar.

En la vida real, es cuando empieza el verdadero trabajo. 

Abrazar la montaña rusa y las caídas como parte del recorrido.

El sufrimiento, no es más que no aceptar la realidad.

En nuestras manos está ser felices. Suelta. Acepta.

 

Resumen

La experiencia que os cuento no deja de ser más que una realidad. Mi realidad. No hay nada de absoluto en mis palabras. 

 

Puede que te inspiren, o generen aversión. Pero no dejes que limiten tu experiencia.

 

El silencio ha sido un gran descubrimiento.

 

Crear las condiciones externas para poder navegar el oleaje interno es el primer paso.

 

Una vez que indagamos en el autoconocimiento, hay que aceptarse plenamente.

 

Aceptar cómo somos, la situación que estamos viviendo o cómo nos sentimos.

 

Saber que estamos siempre haciendo lo mejor que podemos con las herramientas que tenemos.

 

La compasión es el siguiente paso. Al igual que nosotros hacemos lo mejor que podemos, los demás están en el mismo camino.

 

Sentir genuinamente compasión hacía cualquier persona, especialmente a nuestros enemigos.

 

Estos son los que nos ayudan a ver qué aspectos tenemos que trabajar. 

 

¿Por qué Juan te enfada o irrita? 

 

O dicho de otra manera, por que saco la ira y enfadó que tengo dentro? Juan, puede ser Pablo mañana. 

 

El sufrimiento siempre es autoimpuesto. Nadie tiene el poder de hacernos daño, excepto nosotros.

 

Incluso si alguien está actuando con maldad, sólo refleja su sufrimiento interno, y la desconexión. Motivo mayor para sentir compasión por esa persona.

 

 

Por cotillear.

 

El retiro de meditación de 10 días lo organizaba Paramita , un centro budista en Pedreguer Alicante.

 

También ofrecen la opción online del retiro (para este y otros).

 

El tipo de meditación que practicamos los primeros días era Anapanasati ( Concentrarse en un punto, en este caso el aire rozando la punta de la nariz al exhalar e inhalar. ). Esto ayudaba a mejorar el estado de calma, y reducir el ruido mental antes de profundizar.

 

A mitad del retiro nos adentramos en Vipassana (Ver la realidad como es).

 

De los 10 días, los 7 intermedios fueron de silencio. Sin interactuar con nadie, ni mirarse a los ojos.

 

Precio con pensión completa  y alojamiento en el centro fueron 830 euros para los 10 días.

 

El enclave del centro es único. En la ladera de una montaña con el mar de fondo.

 

Sin duda lo mejor, el equipo detrás de este proyecto. Desde Lama Rinchen, los monjes, y voluntarios.

 

Interesado en hacer un retiro, o quieres saber más? Te dejo un artículo un par de artículos: Retiro de silencio. Meditación Vipassana

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Andy

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