El peligro de reprimir las emociones, ¿por qué no deberías hacerlo?

Reprimir las emociones: Señal de silencio sobre una máscara blanca

Todos hemos reprimido una emoción alguna vez en la vida.

Una risa inoportuna, un enfado con la persona equivocada o la frustración de no poder replicar a nuestro jefe cuando nos pide algo.

A veces, ocultar las emociones es la manera más fácil de adaptarnos al entorno en el que estamos y/o mantener el frágil equilibrio que nos une con el resto de las personas.

Sin embargo, lo que pasamos por alto es que, si bien reprimir las emociones en una ocasión puntual puede ayudarnos a salir del paso y evitar posibles conflictos con quienes nos rodean, en realidad es un pésimo recurso que no deberíamos utilizar, mucho menos de manera habitual. ¿Por qué? Porque las emociones que no expresamos terminan convirtiéndose en fantasmas que nos hieren en silencio desde dentro.

¿Por qué ocultamos las emociones?

Las emociones desempeñan un papel esencial en nuestras vidas. Nos ayudan a experimentar el mundo que nos rodea, a relacionarnos con los demás y con nosotros mismos. Tienen un rol adaptativo que nos permite asimilar y gestionar los eventos de la cotidianidad. Entonces, si son positivas para nuestro desarrollo, ¿por qué las ocultamos? Básicamente, la represión emocional es un mecanismo de defensa al que recurrimos cuando:

  1. Tenemos miedo a ofender a los demás. A veces reprimimos las emociones porque no queremos ofender o herir a las personas que nos rodean. Entonces, optamos por “tragarnos” nuestra ira, alegría o insatisfacción porque tememos romper el frágil equilibrio que sostiene esa relación.
  2. No queremos mostrarnos vulnerables. Cuando expresamos nuestras emociones estamos mostrando nuestra versión más íntima y personal al resto del mundo. Y esto nos puede hacer sentir frágiles. Por eso, en ocasiones preferimos reprimir lo que sentimos antes que mostrarnos vulnerables y desnudar nuestra alma frente a los demás.
  3. Deseamos evitar el sufrimiento. Al expresar nuestras emociones no sabemos cómo reaccionará la otra persona. Lo más habitual es que responda de manera asertiva, apoyando o compartiendo lo que sentimos. Sin embargo, hay veces en las que los demás pueden rechazar nuestras emociones, culparnos o burlarse de lo que sentimos. Y, entonces, aprendemos a ocultar nuestros sentimientos con tal de evitar ese sufrimiento.
  4. Tenemos una pobre gestión emocional. Gestionar las emociones no siempre es fácil, sobre todo si nunca lo hemos aprendido. Por eso, a veces preferimos reprimir las emociones y guardarnos para nosotros esa ira, euforia o frustración porque tememos no saber expresarlo de manera adecuada y que los demás puedan malinterpretarlo.
  5. Nuestra autoestima es inadecuada. A veces lo que se esconde tras nuestra incapacidad para expresar abiertamente las emociones es una baja autoestima. Pensar que no le importamos a nadie, que no somos lo suficientemente valiosos como para que los demás nos presten atención o que sencillamente no vale la pena hacerlo puede llevarnos a reprimir las emociones en más de una ocasión.

4 razones por las que no deberías reprimir las emociones

Solemos pensar que la represión emocional no tiene mayores consecuencias para nuestras vidas. A fin de cuentas, solo estamos dejando de comunicar algo, pero no significa que no lo sintamos. Sin embargo, lo cierto es que callarnos lo que sentimos una y otra vez puede tener muchas más consecuencias de lo que imaginas. 

Daña tu equilibrio psicológico

En una ocasión el psicólogo austríaco Sigmund Freud dijo: “Las emociones reprimidas nunca mueren. Están enterradas vivas y saldrán a la luz de la peor manera”. Y es que, como supondrás, reprimir las emociones tiene un enorme impacto en nuestra salud mental. Al final las emociones que no expresamos terminan acumulándose en el inconsciente, desde donde ejercen una influencia negativa que afecta nuestro bienestar emocional y nos sume en un bucle de insatisfacción perenne.

De hecho, no es extraño que las personas a las que les cuesta expresar sus emociones sean más vulnerables a sufrir alteraciones psicológicas como la ansiedad, la depresión o, incluso, estrés. Y es que, desde el punto de vista fisiológico reprimir las emociones puede disparar los niveles de cortisol y afectar el equilibrio de los neurotransmisores a nivel cerebral, abriendo la puerta a conductas desadaptativas y/o trastornos más complejos.

Afecta tu salud física

¿Sabías que reprimir las emociones puede hacerte enfermar? Es lo que se conoce como enfermedad psicosomática y surge precisamente de esas emociones que no expresas y se “enquistan” en lo más profundo de tu inconsciente. A fin de cuentas, mente y cuerpo son uno solo y lo que te afecta mentalmente puede terminar por impactar en tu estado de salud físico.

Así lo comprobó un estudio realizado en la Universidad de Stanford en el que se desveló que las personas que tienden a reprimir las emociones suelen experimentar una activación fisiológica ante las situaciones difíciles mayor que la que experimentan las personas con ansiedad. Esto significa que tienen un mayor riesgo a desarrollar síntomas psicosomáticos que van desde los dolores de cabeza y las tensiones musculares hasta problemas más serios como los trastornos gastrointestinales, dermatológicos o incluso, alteraciones en la presión arterial o cardíacas.

Daña las relaciones con los demás

Las relaciones humanas están basadas – o al menos deberían – en la autenticidad de cada parte, en eso que nos hace únicos e irrepetibles. Por eso, cuando no somos capaces de expresar las emociones y reprimimos lo que sentimos, sobre todo con las personas de nuestro círculo más íntimo, estamos dejando de aportar nuestro granito de arena. A partir de ese momento la relación queda sustentada por un frágil equilibrio que puede romperse en cualquier momento.

Cuando no somos capaces de compartir lo que sentimos con los demás, creamos una especie de barrera psicológica que le impide a la otra persona conocernos como somos e interactuar con nuestras verdaderas emociones y modo de ver la vida. Al final, lo más habitual es que terminemos convertidos en dos auténticos desconocidos, sin ningún vínculo profundo que nos mantenga juntos.

Te impide ser quien eres

Somos lo que hacemos, pero también lo que pensamos y lo que sentimos. Por tanto, cuando no somos capaces de expresar abiertamente nuestras emociones y reprimimos nuestros sentimientos estamos invalidando nuestra esencia. Las emociones no son solo un recurso adaptativo que nos ayuda a asimilar la realidad, sino también nuestra manera de afrontar el mundo y dar forma a nuestro “yo” interior. De ahí que cuando reprimimos lo que sentimos, estamos ocultamos quienes somos.

¿Cómo expresar lo que sientes de forma asertiva?

Reprimir las emociones: Chica sonríe frente a un espejo

Todos tenemos la capacidad de expresar nuestras emociones, pero por unos u otros motivos, a veces esta habilidad se va oxidando. La buena noticia es que podemos reaprender a expresar lo que sentimos. Y, lo cierto, es que existen maneras de expresar las emociones sin herir a los demás ni a nosotros mismos y sin hacernos sentir vulnerables. ¿Cómo conseguirlo?

  1. Sé consciente de tus emociones. Si siempre has reprimido tus emociones, es probable que te cueste profundizar en lo que sientes y conectar con tu “yo” más profundo. Sin embargo, es fundamental que aprendas a identificar tus sentimientos y que sepas reconocer de dónde provienen tus emociones. Ampliar tu vocabulario emocional es también un ejercicio de autoconocimiento que te ayudará a profundizar en tu mundo interior y descubrir la causa por la que reprimes las emociones.
  2. Ensaya antes de lanzarte. A veces lo que nos paraliza no es lo que sentimos, sino cómo lo expresamos. Sucede sobre todo cuando no sabemos gestionar bien las emociones y nos cuesta poner en palabras lo que experimentamos en nuestro interior. En estos casos, una buena manera de romper el hielo consiste en ensayar tu expresión emocional. Ya sea delante de un espejo, en el baño o sentado en el sofá, imagina que tienes delante a la otra persona y dile todo lo que estás sintiendo. Aprender a moldear tus palabras de antemano te brindará una mayor autoconfianza para cuando llegue el momento.
  3. Encuentra maneras asertivas de expresarte. Seamos sinceros, no siempre podemos decirles directamente a los demás lo que sentimos. Sin embargo, eso no significa que debamos ocultar esas emociones. Es posible expresar lo que estamos experimentando de manera asertiva. Esto significa expresar lo que sientes de manera sincera y natural, pero respetando a la otra persona y evitando herir sus sentimientos. Por ejemplo, en lugar de decirle a tu jefe “Detesto que me des órdenes” puedes comentarle, “Preferiría que hablásemos las cosas antes de tomar una decisión, no me siento cómodo/a trabajando con tareas impuestas”.

 

Por último, recuerda que aprender a expresar las emociones puede ser un proceso lento, sobre todo si llevas mucho tiempo reprimiendo lo que sientes. Por tanto, evita presionarte y tómate el tiempo que necesites. Las heridas emocionales suelen tardar en sanar, pero es importante no acelerar el proceso para evitar recaídas. Y, si crees que no eres capaz de hacerlo por tu cuenta, siempre puedes buscar la ayuda de un psicólogo que te acompañe durante el camino.

Imagen de Yiana Delgado

Yiana Delgado

Soy psicóloga de profesión, escritora por pasión e incansable aprendiz en mi tiempo libre. Durante más de cinco años concilié estudio e investigación en el apasionante mundo de las Neurociencias. Con la ilusión de poder ayudar a más personas, me convertí en divulgadora científica y durante dos años compartí mis conocimientos sobre psicología y crecimiento personal en la radio. Tras descubrir mi vocación por la escritura, me propuse seguir ayudando a las personas a comprenderse mejor y alcanzar la vida que anhelan a través de los medios de comunicación escritos. Ahora, con más de una década de experiencia a mis espaldas, continúo promoviendo espacios de cambio y reflexión basados en el conocimiento científico.

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