Vivimos en un mundo que nos bombardea a diario con un gran cúmulo de estímulos. Desde los correos que no paran de llegar, las notificaciones de las redes sociales y las noticias de la prensa hasta la publicidad de toda índole o las conversaciones de quienes nos rodean, estamos sometidos a tantas distracciones cotidianas que a menudo nos resulta difícil centrar nuestra atención en lo que de verdad nos interesa y obviar lo que sucede a nuestro alrededor. El problema es que esto no solo puede hacernos perder maravillosas oportunidades, sino generarnos un enorme gasto cognitivo y emocional.
La buena noticia es que todos, o casi todos, disponemos de un recurso que puede devolvernos el poder sobre nuestra concentración: la atención selectiva. Se trata de un mecanismo que nos ayuda a poner el foco en lo que realmente nos interesa, obviando las distracciones del entorno. De esta manera, no solo podremos concentrarnos mejor, sino que también seremos capaces de aprovechar mejor cada momento invirtiendo menos recursos cognitivos. Sin embargo, como muchos otros procesos de nuestra mente, la atención selectiva también puede tener un lado negativo, sobre todo si no somos conscientes de su existencia. Para que conozcas cómo puedes usar este recurso a tu favor, te contamos qué es la atención selectiva, cómo te ayuda a concentrarte y los riesgos que puede entrañar.
Atención selectiva: su definición
¿Qué es la atención selectiva? La atención selectiva es ese proceso natural que nos permite enfocarnos en un único estímulo o tarea cuando estamos inmersos en un entorno lleno de distracciones. Se trata de una capacidad cognitiva que nos ayuda a procesar estímulos relevantes mientras suprime el procesamiento de los detalles irrelevantes, es decir, nos permite poner el foco de atención en lo que hacemos, difuminando todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
El objetivo de este mecanismo cognitivo consiste en filtrar y jerarquizar los estímulos del medio atendiendo a la importancia que tienen para nosotros, ayudándonos a clasificarlos según su relevancia. Al sentar su base en nuestro cerebro, quien se encarga de priorizar los estímulos importantes y descartar el resto de información o contenido, nos ayuda, por una parte, a concentrarnos mejor y, por otra, a evitar que nuestro sistema de procesamiento se sature.
¿Qué es la atención selectiva en la práctica? Existen muchos ejemplos de atención selectiva que pueden ayudarte a comprender mejor este concepto. Por ejemplo, la atención selectiva es la responsable de que cuando te compras unas zapatillas, de repente, veas el mismo modelo por doquier o de que, después de tener una mascota en casa empieces a notar comportamientos animales que antes pasabas desapercibidos. También es la causante de que seas capaz de reconocer un modelo de coche en particular entre muchísimos estilos o de centrarte en la lectura de este artículo a pesar de estar siendo bombardeado con notificaciones y/o mensajes publicitarios en el mismo momento.
La importancia de la atención selectiva en nuestras vidas
La mayoría de las personas tenemos una atención limitada. Esto significa que nos resulta difícil prestar atención a diferentes estímulos a la vez y percibirlos con la misma intensidad y detalle, por lo que es habitual que, si lo hacemos, no podamos estar plenamente presentes en ninguna tarea. En este punto es donde entra en juego la atención selectiva, ayudándonos a identificar lo relevante de lo irrelevante para centrar nuestros sentidos en lo que nos interesa. Sin esta habilidad para enfocar nuestra atención en un único estímulo, básicamente, no seríamos capaces de concentrarnos en lo que hacemos.
La atención selectiva nos ayuda a filtrar la información, facilitando el procesamiento del contenido que nos interesa de aquel que no es importante para nosotros en ese momento. Su propósito no solo consiste en permitirnos enfocar la atención en un único estímulo, sino que también “silencia” las distracciones para que podamos mantener una atención sostenida en el tiempo, la base de una buena concentración. Sin embargo, este no es su único beneficio para nuestra vida cotidiana ya que también:
Contribuye a mejorar nuestra memoria

¿Sabías que entrenar la atención selectiva puede ayudarte a tener una mejor memoria? Así lo reveló una investigación realizada en la UNED de Madrid en la que se encontró que una de las etapas más importantes para “fijar” el contenido en nuestras mentes radica precisamente en centrar la atención en dicho contenido. Básicamente, solo cuando somos capaces de estar 100% enfocados en una tarea podemos retener la información que nos aporta en nuestra memoria, para luego recuperarla cuando la necesitemos a través de su recuerdo.
Refuerza nuestro pensamiento crítico

El pensamiento crítico, esa capacidad que nos permite poner en tela de juicio todas las verdades que damos por sentadas, también se desarrolla cuando recurrimos a la atención selectiva. Esto se debe a que cuando enfocamos nuestra atención en un único estímulo podemos utilizar nuestra capacidad reflexiva y más recursos cognitivos en analizar lo que sucede para percatarnos así de detalles que en otras circunstancias pasaríamos por alto. De esta manera, contar con la atención selectiva nos permite ser más críticos con nuestro entorno.
Reduce la sobrecarga mental

A diario la mayoría de las personas debemos procesar una gran cantidad de información y estímulos, desde los mensajes que recibimos continuamente y los retos intelectuales que reclaman el trabajo o los estudios hasta los anuncios publicitarios o las noticias que nos llegan sin que queramos. Esto termina sobrecargando a nuestro cerebro, haciendo que lleguemos más cansados y sobresaturados mentalmente a la noche. Pues bien, cuando sabes qué es la atención selectiva, la utilizas de manera consciente y aprendes a eliminar los distractores de tu entorno, esta carga mental se aligera, permitiéndote ahorrar recursos cognitivos que puedes utilizar en lo que en realidad necesitas.
¡Cuidado! Los riesgos que entraña el mal uso de la atención selectiva
Nadie duda de la importancia de la atención selectiva para filtrar y jerarquizar los estímulos del medio, clasificándolos según su importancia para la tarea que nos ocupa. Desde este punto de vista, este mecanismo nos ayuda a focalizar nuestra atención en lo que nos resulta significativo. El problema comienza cuando realizamos generalizaciones sobre la realidad basándonos en el contenido que nos brinda la atención selectiva. Es decir, cuando hacemos generalizaciones analizando solamente una parte del contexto. En estos casos, podemos convertirnos en víctimas de un sesgo perceptivo.
Es lo que sucede, por ejemplo, cuando estamos tan enfrascados en la lectura del análisis de un tema que no somos capaces de percatarnos de que, en realidad, se trata solo de una perspectiva, pero que en realidad puede tener muchas otras interpretaciones. También sucede en la vida cotidiana cuando descubres una marca de ropa nueva y, de pronto, percibes que muchas personas la llevan y crees que es muy popular o cuando pones el foco en las noticias de robos y agresiones y llegas a la conclusión que ha aumentado la criminalidad en tu ciudad.
En estos casos, el hecho de no saber qué es la atención selectiva y cómo funciona en nuestra vida reduce nuestra visión de la realidad, haciéndonos ver los eventos o circunstancias con una visión de túnel. El problema es que este sesgo de interpretación no solo nos impide ver el panorama en general, sino que puede hacer que ni siquiera contemplemos la posibilidad de que exista algo más allá de lo que somos capaces de ver y, de ahí, a convertirnos en personas más rígidas, intransigentes e intolerantes solo hay un paso.
Entonces, ¿es conveniente o no entrenar la atención selectiva?
La atención selectiva es un mecanismo del que no podemos deshacernos. Forma parte de nuestra manera de relacionarnos con el mundo y nos resulta particularmente útil, ya que nos permite concentrarnos con mayor facilidad. De ahí que sea útil entrenar tu atención selectiva para eliminar las distracciones del entorno cuando sea necesario. Sin embargo, si no quieres que te juegue una mala pasada, es importante que aprendas a minimizar su impacto sobre los sesgos cognitivos. ¿Cómo? Siendo más consciente de qué es la atención selectiva y cómo funciona para utilizarla a tu favor.
Para conseguirlo, siempre que termines una tarea, sobre todo si eres consciente de que has utilizado la atención selectiva, pregúntate cómo funcionaría en otro contexto y cómo podrías aplicarla si las condiciones cambiasen. Aprende a cuestionarte todo, incluso las cosas que das por sentadas. De esta manera no solo mantendrás tu cerebro en forma, sino que te protegerás del sesgo de atención selectiva.



