No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. ¿Cuántas veces has oído esa frase? La procrastinación es el hábito de retrasar las actividades y es algo que ocurre con mucha frecuencia.
Son muchos los motivos que nos llevan a dejar las cosas para más adelante. A veces tiene que ver con la pereza aunque, en otras oportunidades, puede relacionarse con el miedo a afrontar nuevas situaciones.
Pero, ¿cómo surge la procrastinación? ¿Existe alguna manera de evitarla? ¡La respuesta es, sí! A continuación, te comentamos por qué procrastinamos y cuáles son las claves para dejar de hacerlo.
¿Qué es la procrastinación?
En ocasiones, debemos aplazar actividades por razones que están justificadas. En la vida es necesario tomar ciertas decisiones, y tenemos que darle prioridad a algunas cosas sobre otras. Sin embargo, cuando aplazamos una tarea sin una justificación real, estamos hablando de procrastinación.

Pero ¿qué es procrastinar? La palabra “procrastinar” viene del latín: pro, que significa “adelante”, y crastinus, que quiere decir “mañana”. Efectivamente, “procrastinar” es dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Esto implica sustituir actividades necesarias, como estudiar, trabajar o limpiar tu casa, por otras más irrelevantes o que te produzcan mayor bienestar, como ver una película, ir a dar un paseo o dormir.
En resumen, procrastinar es un mecanismo que usamos para lidiar con las emociones que nos producen las tareas que nos generan aversión por algún motivo.
¿Por qué procrastinamos?

Las causas de posponer las actividades son muchas. En primer lugar, los expertos hablan de una raíz emocional. Cuando te enfocas más en la urgencia de administrar tu estado de ánimo que en dedicarte a una tarea, estás procrastinando. Es decir: la procrastinación surge cuando le damos demasiada entidad emocional a la tarea que tenemos que realizar. ¡Todo está en nuestra mente!
¿Es malo procrastinar?
La respuesta corta es sí, ya que procrastinar puede tener efectos negativos sobre nuestra salud emocional y física.
Por ejemplo, si evitamos hacer actividad física porque nos da pereza salir de casa, estaremos alejando las posibilidades de liberar endorfina que es la hormona que produce felicidad. Del mismo modo, si postergamos indefinidamente la realización de un curso o una actividad académica, estaremos perdiendo una oportunidad valiosa para acceder a nuevos conocimientos.
Pero las consecuencias negativas de la procrastinación no tienen que ver únicamente con no poder cumplir determinados objetivos. También existen ciertos efectos en la salud física y emocional. Los psicólogos señalan algunas de las consecuencias negativas de posponer actividades:
- Dificultad para la toma de decisiones
- Incapacidad para solucionar problemas
- Dificultad para afrontar estrés
- Dificultad para organizar
No obstante, hay que tener en cuenta que posponer una actividad puede no ser malo, siempre y cuando esté justificado. Algunos especialistas opinan que “perder el tiempo” no es malo, solo si sabes cómo hacerlo. A veces, tomarte un merecido descanso después de una jornada agotadora puede ayudarte a despejar la mente.
En ese sentido, entre los beneficios de procrastinar podríamos encontrar un aumento de la creatividad y, por ende, de la productividad, además de una mejor toma de decisiones.
Tipos de procrastinación
Las emociones dictan nuestro comportamiento. Con base en eso se pueden esbozar 3 razones por las cuales tendemos a posponer nuestros objetivos.
- Cuando la actividad es una obligación. Si es algo que debemos hacer, pero no nos gusta, tendemos a sustituir esos momentos por otros que sí nos producen bienestar.
- Por el esfuerzo que conlleva. A veces es simple pereza. Puede tratarse de algo tan sencillo como limpiar la casa o ir al supermercado. Sin embargo, los especialistas recomiendan no tomar decisiones basándonos en el estado de ánimo momentáneo.
- Por miedos e inseguridades. Tendemos a posponer las actividades por temor a no poder cumplir esos objetivos, sobre todo cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas.
¿Cómo identificar que procrastinas?
Todos, en algún momento, procrastinamos. Sin embargo, si es algo recurrente podría tratarse de un problema. A continuación, te comentamos cuáles son las 5 alarmas que te indicarán que estás procrastinando.
- Cuando buscas la perfección en todas tus tareas. Desafortunadamente, los perfeccionistas no llegan a completar sus tareas, ya que nunca están satisfechos con el resultado.
- Cuando sueñas mucho, pero no cumples tus metas. Los soñadores saben que obtendrían muchos beneficios si realizaran esas actividades que posponen, pero se quedan en el terreno de la imaginación.
- Cuando no crees que eres capaz. El autosabotaje implica no creerse de verdad que somos buenos y capaces. Las personas que creen que fracasarán o que cometerán demasiados errores terminan por postergar indefinidamente las tareas.
- Cuando dejas todo a último momento. Generalmente, cuando dejamos todo a último momento, nos estresamos muchísimo. Esto hace que prioricemos la velocidad sobre la calidad, porque queremos finalizar esa actividad lo antes posible.
- Cuando no te comprometes lo suficiente. Si te cuesta priorizar el trabajo que estás haciendo y lo sientes como una obligación, es probable que entres en esta categoría. Hacer las actividades sin comprometerte con ello hace que los resultados sean de baja calidad en cualquier proyecto.
¿Cómo dejar de procrastinar?
Dejar de procrastinar es posible. A continuación, te comentamos cuáles son los consejos que te pueden ayudar a evitarlo:
Identifica qué tipo de procrastinador eres. Como ya hemos visto, existen muchas formas de “mover” las actividades un día más. Para resolver el problema es necesario llegar al fondo de la cuestión.
Enfréntate con la raíz del problema. Si has identificado que el motivo de tu procrastinación tiene que ver con el miedo al fracaso, redobla la apuesta: empieza a hacer las tareas difíciles primero. Si tu problema es que te falta orden, ¡organízate! Puedes apoyarte en herramientas como Google Sheets o Excel.
Planifica tus descansos. El cerebro humano no está diseñado para trabajar durante horas sin parar. Según los expertos, somos muy productivos solamente durante tres horas al día. Si pensamos que tenemos que realizar una actividad durante varias horas seguidas sin ningún descanso, seguramente lo posterguemos indefinidamente.
Existen muchas técnicas que pueden funcionar, como el método Pomodoro. Este método, creado en la década de 1980, consiste en dividir el tiempo de estudio o de trabajo en intervalos de 25 minutos, seguidos de descansos de 5 minutos.
¡Recompénsate! No te prives de ciertas recompensas cuando alcances una meta o cuando logres finalizar una actividad especialmente complicada. ¡Pero ten en cuenta que el premio debe ser proporcional a la actividad!
Si has logrado estudiar durante un largo rato, puedes comer un bocadillo o salir a dar un paseo para despejar la cabeza. Si, por otro lado, has alcanzado un objetivo muy importante (un ascenso laboral, por ejemplo), puedes hacer una escapada de fin de semana a algún lugar interesante, como la playa o la montaña.
Organiza tu tiempo. Una buena idea es llevar un registro del tiempo que destinas cada día para realizar las actividades académicas o laborales. De esta forma, podrás analizar con detenimiento cuál es el nivel de productividad.
Por ejemplo: si sueles estudiar por las noches, pero notas que no puedes concentrarte, quizá puedas optar por comenzar a hacerlo por la mañana. Algunos expertos consideran que estudiar de noche es más provechoso porque los factores como el silencio y la tranquilidad estimulan la creatividad. Otros, sin embargo, creen que durante la noche estamos cansados debido a la rutina del día y recomiendan hacerlo con luz natural. Lo cierto es que cada persona es un mundo. ¡Lo importante es que tú analices cuál es tu nivel de productividad y qué puedes hacer al respecto para mejorarla!



