Positivismo tóxico, los riesgos de una sobredosis de optimismo en tu vida

Positivismo tóxico: Emoticonos de felicidad dentro de una caja

Vivimos en la era del positivismo. Hoy, prácticamente nada es imposible, si te lo propones. Al menos es lo que nos venden muchos de los manuales de autoayuda y “gurús” del desarrollo personal. Sin embargo, lo cierto es que no por mucho querer algo, lo terminarás consiguiendo. La realidad dista del idealismo crónico y, a veces, aunque lo desees con todas tus fuerzas y pongas todo tu empeño en alcanzar una meta puedes terminar fallando.

Al menos así lo demostró un estudio realizado por psicólogos de la New York University en el que se encontró que el exceso de optimismo puede llegar a convertirse incluso en un obstáculo para conseguir lo que nos proponemos ya que hace que nos confiemos demasiado y pasemos por alto riesgos que luego pueden echar por tierra nuestros planes. Sin duda, mantener una actitud positiva en la vida es importante, pero pasarse de optimista puede llegar a ser contraproducente.

¿Cómo el positivismo tóxico puede pasarte factura?

Existe un punto en el que el positivismo deja de ser beneficioso para nuestros planes y se convierte en un obstáculo que nos impide ver la vida de manera realista y experimentar libremente nuestras emociones. Es lo que se conoce como positivismo tóxico o sobredosis de positivismo. Un concepto relativamente reciente que hace referencia a un exceso de optimismo en la vida que conduce a la minimización e invalidación de nuestro amplio abanico emocional.

Básicamente, la sobredosis de positivismo llega cuando nos centramos demasiado en los aspectos favorables de las situaciones y mantenemos una actitud optimista contra viento y marea, obviando las circunstancias negativas y las emociones que estas nos producen. Viene siendo algo así como vivir en un “mundo feliz” en el que, independientemente de lo que ocurra, mantenemos una sonrisa a toda costa y pensamos que todo irá bien.

Sin embargo, no por mucho aparentar que somos felices nuestra vida mejorará como por arte de magia. De hecho, lo más probable es que esa sobredosis de positivismo tenga el efecto contrario y termine pasándote una elevada factura ya que se conoce que, a largo plazo, mantener un optimismo ingenuo e insustancial:

1. Fomenta expectativas irreales

Para que tus proyectos lleguen a buen puerto es indispensable que creas que puedes conseguirlo. Sin embargo, cuando te dejas llevar por el exceso de positivismo y empiezas a creer que el éxito está asegurado, comienzas a desarrollar expectativas irreales sobre las circunstancias, los riesgos y tus capacidades que te harán pasar por alto los aspectos negativos y los problemas potenciales a los que debes hacer frente a lo largo del camino. Y esto, contrario a lo que esperabas, puede hacer que tus sueños se estrellen contra la pared de la realidad.

Como reveló el estudio realizado en la New York University fantasear con todo lo positivo que tienes a tu favor y alimentar expectativas irreales puede hacer que te confíes demasiado y no veas venir posibles problemas. De esta manera, cuando aparezca un obstáculo, y créelo que antes o después surgirá, no estarás preparado para afrontarlo y su impacto te tomará completamente desprevenido.

2. Obstaculiza la toma de decisión

Fomentar un optimismo ingenuo también puede afectar tus decisiones y hacer que termines decantándote por la peor opción. Esto ya que alimentar expectativas irreales puede generar un sesgo cognitivo que afecte tu capacidad para analizar de manera racional las circunstancias y las diferentes alternativas a tu alcance. Como resultado, terminarás tomando decisiones guiado por tus emociones, en lugar de hacerlo de manera objetiva, aumentando así tu riesgo de errar.

De esta manera, es probable que, si te dejas llevar por una sobredosis de positivismo, termines endeudándote por una inversión sobre la que no tienes ninguna certeza o poniendo todos tus ahorros en un proyecto con altas probabilidades de fracasar. Es cierto que todo objetivo conlleva cierta dosis de riesgo, pero para tomar una buena decisión también es importante tener en cuenta los vientos en contra.

3. Afecta las habilidades cognitivas

Cuanto mayor sea tu optimismo, menor será tu desempeño cognitivo. Así lo reveló un estudio realizado en la University of Bath en el que se analizaron los datos de una encuesta a más de 36 000 hogares ingleses en la que se evaluó las expectativas de las personas sobre su bienestar económico comparándolas con su nivel financiero real y sus resultados económicos. Los resultados mostraron que las personas con una menor capacidad cognitiva tenían un 35% más probabilidades de desarrollar una sobredosis de positivismo.

En la práctica, las personas excesivamente optimistas tenían una peor memoria, razonamiento numérico, inteligencia fluida y fluidez verbal. Habilidades cognitivas que no solo influyen en la capacidad para comprender y analizar las situaciones de la vida cotidiana, sino que también repercuten en la habilidad para resolver problemas.  

4. Daña el equilibrio emocional

Por norma general, abrazar un optimismo ingenuo y excesivo conduce a la negación o represión de las llamadas emociones “negativas”, como puede ser la tristeza, la frustración o la ira. Y, si bien es cierto que aprender a controlar estas emociones es indispensable para nuestro bienestar emocional, bloquearlas o ignorarlas definitivamente no es el camino. Se ha demostrado que las emociones negativas que no gestionamos de manera asertiva pueden provocarnos un intenso malestar, convirtiéndose en el detonador de procesos más complejos como la depresión.

En muchos casos, esconder los miedos, ansiedades y tristezas detrás de una falsa sensación de optimismo puede terminar por acentuar esas emociones, robándonos la oportunidad de comprender lo que nos está sucediendo y el tiempo para sanar a nuestro ritmo. Además, ¿sabías que el exceso de pensamientos positivos puede generar emociones negativas? Así lo corroboró una investigación de la Universidad de Michigan en la que se encontró que pensar en positivo todo el tiempo puede generar un profundo desgaste emocional y empeorar el malestar psicológico en algunas personas.

5. Influye negativamente en el desempeño

Ser más optimistas no mejora nuestro desempeño, como cabría suponer. Esta fue la conclusión de otro estudio realizado en las Universidades de Utah y California en la que se comparó el rendimiento de un grupo de personas más optimistas con el de otro grupo con ideas realistas y pesimistas. Al final, las personas más positivas no tuvieron un desempeño superior al resto, lo que significa que el optimismo no siempre se traduce en mejores resultados.

De hecho, es probable que en muchas ocasiones el exceso de positivismo termine influyendo negativamente en el rendimiento. Esto porque además de afectar nuestras expectativas y toma de decisión, puede hacernos sobrevalorar nuestras capacidades y hacer que incluso nos sintamos frustrados por no conseguir lo que nos proponemos.

Así puedes regular el exceso de positivismo sin caer en el pesimismo

Mujer con brazos abiertos sobre un puente con el atardecer de fondo

Pensar que cuanto más optimistas seamos, mejor es un error que puede terminar costándonos muy caro. Sin duda, es importante llenarnos de cierta dosis de positivismo que nos insufle la motivación necesaria para cumplir nuestras metas, pero también debemos mantener los pies en la tierra y conservar cierta dosis de realismo. A fin de cuentas, como casi todo en esta vida, la clave consiste en mantener un equilibrio. ¿Cómo conseguirlo?

1. Entiende qué es realmente el optimismo. En los últimos años se ha popularizado una concepción de optimismo insulso que nos lleva a pensar que con una mente positiva todo se soluciona. Sin embargo, el optimismo real y proactivo no se reduce a abrazar el positivismo insustancial para conseguir nuestras metas. El verdadero optimismo consiste en mantener una actitud abierta y positiva, pero también implica mirar nuestros errores, buscar sus causas y aprender de ellos para no volver a cometerlos. El auténtico optimismo no significa obviar las cosas negativas, sino aprender a gestionarlas y seguir adelante a pesar de ellas.

2. Valida tus emociones, no las ignores. Pensar que solo cuando estamos alegres y vemos la vida con optimismo podemos ser felices es tener una visión muy reduccionista de la felicidad. Los momentos felices existen no a pesar de las circunstancias negativas, sino gracias a ellas. Las emociones “negativas” y los eventos desafortunados también desempeñan un rol importante en nuestras vidas ya que nos ayudan a recomponernos y valorar las cosas positivas. Por tanto, en lugar de ignorar las emociones que consideras “negativas”, valídalas y aprende a gestionarlas de manera adecuada.

3. Abraza una pequeña dosis de pesimismo objetivo. Dice un antiguo proverbio inglés “espera lo mejor, prepárate para lo peor y acepta lo que venga”. Asumir una dosis de pesimismo no implica centrarse en lo negativo, sino adelantarse a los posibles problemas y obstáculos y encontrar soluciones que nos permitan afrontarlos de una mejor manera. Mantener una pequeña dosis de negativismo te ayudará a mantener los pies en la tierra y a prever los contratiempos que puedan aparecer para que, a la larga estos no se terminen convirtiendo en obstáculos insuperables. 

Imagen de Yiana Delgado

Yiana Delgado

Soy psicóloga de profesión, escritora por pasión e incansable aprendiz en mi tiempo libre. Durante más de cinco años concilié estudio e investigación en el apasionante mundo de las Neurociencias. Con la ilusión de poder ayudar a más personas, me convertí en divulgadora científica y durante dos años compartí mis conocimientos sobre psicología y crecimiento personal en la radio. Tras descubrir mi vocación por la escritura, me propuse seguir ayudando a las personas a comprenderse mejor y alcanzar la vida que anhelan a través de los medios de comunicación escritos. Ahora, con más de una década de experiencia a mis espaldas, continúo promoviendo espacios de cambio y reflexión basados en el conocimiento científico.

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