Todos conocemos las virtudes del pensamiento positivo. El optimismo y la positividad no solo son más saludables, sino que además favorecen el éxito y el desarrollo personal. Sin embargo, es importante que en la búsqueda de esa forma de pensar no caigamos en la positividad tóxica. Ser optimista y pensar positivamente no significa negar nuestras emociones verdaderas ni ignorar el sufrimiento. La positividad tóxica es entonces un riesgo que debemos tener en cuenta si queremos acceder a los beneficios de la positividad y la psicología positiva.
¿Qué es la positividad?
A esta altura, es lógico que te preguntes qué significa “positividad”. El pensamiento positivo no implica ignorar todo lo desagradable o doloroso; tampoco sugiere negar tus verdaderas emociones para reemplazarlas por falsas sonrisas y frases de positividad. Lo que significa positividad es aproximarse a lo negativo y lo desconocido de una forma menos dolorosa y más productiva.
La vida está llena de situaciones desagradables y desafíos atemorizantes, eso es innegable. La diferencia está en de qué forma nos aproximamos a esos hechos. Un pesimista supone siempre lo peor y, por lo tanto, se predispone para lo peor atrayéndolo. En cambio, un optimista visualiza resultados positivos y entiende a lo nuevo como un desafío estimulante y así los afronta con mayor éxito y menos sufrimiento.
Además, por si fuera poco, la positividad no solo atrae el éxito, sino que también es beneficiosa para la salud. De esta forma, es fácil entender que la positividad es una práctica que colabora con nuestro bienestar físico y mental, además de una forma de ver el mundo.
¿Por qué es importante tener un pensamiento positivo?
El pensamiento positivo es importante porque favorece el desarrollo personal, atrae oportunidades y produce grandes beneficios para la salud. Es una forma sana y optimista de dirigirse al mundo y, por lo general, ¡trae buenos resultados! Por eso, también es importante distinguirlo de la positividad tóxica, que genera culpa y malestar, e implica negar una parte de la realidad que, a pesar de esa negación, sigue ahí. La positividad implica entender el mundo como lo que es y asumir en él nuestra posibilidad de cambio y crecimiento; no significa verlo como lo que queremos que sea.
Beneficios de la práctica de la positividad
Los beneficios de la positividad son muchos y cada día se agregan más. Desde que el psicólogo Martin Seligman inauguró en la década de los noventa el campo de la psicología positiva, investigadores alrededor del mundo han descubierto nuevos beneficios prácticamente todos los años. Entre ellos, están los siguientes:
- Reduce el estrés
- Favorece la adaptación al cambio
- Estimula el desarrollo personal
- Atrae nuevas oportunidades laborales
- Aumenta el bienestar mental
- Potencia el autoestima
- Mejora el humor
- Beneficia la salud
¿Cómo practicar la positividad?
La positividad es un hábito y, como tal, no se consigue de un día para el otro. Requiere de trabajo, práctica y dedicación: no es sencillo cambiar una forma de ver el mundo. Es necesario un alto grado de autoexamen que permita identificar los pensamientos negativos, que muchas veces se producen por reflejo, y también una dosis de fuerza de voluntad. Sin embargo, por algún lado se empieza. Por eso sugerimos esta breve lista de consejos:

Presta atención a tus pensamientos. ¿Son mayormente positivos o negativos? Es útil, a veces, detenerse en algún momento del día y tomarse el tiempo de entender qué estás pensando y por qué. Si es posible, intenta darle un giro positivo a tus pensamientos negativos.

Identifica tu zona de cambio. Es importante que tengas claro en qué aspectos de tu vida la negatividad tiene un mayor impacto. Quizás te sientes muy seguro y eres positivo alrededor de tu carrera, pero piensas negativamente sobre tus relaciones personales. Esa es tu zona de cambio.

Haz ejercicio. Un poco de actividad física todos los días hace maravillas por tu estado de ánimo. Tan solo treinta minutos de ejercicio son suficientes para disparar una gran cantidad de neurotransmisores benéficos.

Usa tu sentido del humor. Esta es una de tus mejores herramientas contra la negatividad. Por supuesto, no estamos hablando del humor auto despreciativo, que solo la favorece, sino de la posibilidad de reírse un poco de la vida.

Rodéate de personas positivas. Nuestro entorno tiene un gran impacto sobre nosotros. Si nos rodeamos de personas positivas, tenderemos a pensar de manera positiva.

Sé gentil contigo mismo. La regla es muy sencilla: no te digas a ti mismo nada que no le dirías a otra persona. Tómate el tiempo de apreciar tus éxitos, y no te dejes llevar por el primer pensamiento negativo que entre en tu mente. ¡Reconoce tus virtudes!
¿Qué es la positividad tóxica?
La positividad tóxica consiste en imponerse una actitud falsamente positiva, sobregeneralizando un estado de felicidad que en realidad no es tal. Implica silenciar totalmente nuestras emociones negativas; algo que, desde ya, no es posible. Como dijo Mark Manson, experto en autoayuda y positividad, en su libro El sutil arte de que (casi todo) te importe una mierda, “Cualquier intento de escapar de lo negativo —evitarlo, sofocarlo o silenciarlo— fracasa. Evitar el sufrimiento es una forma de sufrimiento. La negación del fracaso es un fracaso”.
Ocurre que es imposible escapar totalmente a los pensamientos negativos. En la vida hay situaciones difíciles, desafiantes o dolorosas que es indispensable atravesar. Lo importante es qué mentalidad tenemos al hacerlo, y cómo actuamos cuando nos encontramos con un pensamiento negativo.
¿Por qué es importante tenerla en cuenta?
La positividad tóxica es una trampa muy peligrosa para quienes desean practicar la psicología positiva. Después de todo, en principio parecieran tener mucho en común. Pero es importante notar que la positividad no propone reprimir todo pensamiento negativo, sino más bien trabajarlo, modificarlo y usarlo de forma beneficiosa. La positividad tóxica surge muchas veces como una reacción a la frustración, una forma de saltarse las etapas difíciles del camino de la positividad, pero a la larga termina siendo muy perjudicial.
¿Cómo nos puede afectar la positividad tóxica?
Los efectos de la positividad tóxica son variados. En primer lugar, genera cansancio, tanto físico y mental: no es sencillo negar una porción tan grande de nuestros pensamientos y emociones. Requiere esfuerzo. Además, pronto evoluciona hacia sentimientos de culpa y malestar. Es que, si una persona cree que debe tener pensamientos positivos todo el tiempo, ni bien un pensamiento negativo atraviese su mente —algo inevitable—, lo sentirá como un fracaso, con los consiguientes sentimientos de frustración y rabia. Por si fuera poco, la positividad tóxica impide reconocer adecuadamente situaciones de cambio y de desafío, y hace a las personas menos conscientes de sus miedos y sus habilidades, con lo cual suele ser un impedimento para el desarrollo personal.
¿Cómo diferenciar la positividad de la positividad tóxica?
La positividad y la positividad tóxica pueden parecer muy similares, pero para quien sabe del tema es sencillo distinguirlas. Quizás la forma más clara de entender la diferencia sea como un consejo viniendo desde otra persona; el tipo de consejos que también podemos darnos a nosotros mismos. Así se verían las diferencias:

En resumen, la positividad tóxica se concentra en negar e imponer una felicidad que no existe, mientras la positividad intenta aceptar esos sentimientos y transformarlos en algo beneficioso. A la larga, solo una mentalidad abierta al fracaso y al cambio puede desarrollarse y alcanzar el éxito.



