Nomofobia o el miedo irracional a quedarte sin tu teléfono móvil

Joven con nomofobia revisa su teléfono móvil junto a una ventana

¿Te cuesta estar toda la mañana sin mirar tu teléfono?

¿Nunca sales de casa sin antes asegurarte de que llevas el móvil?

¿No eres capaz de mantener una conversación o disfrutar de un paseo sin revisar tu Smartphone?

Es probable que sufras nomofobia. Un fenómeno relativamente reciente que hace referencia al miedo irracional a quedarse sin el teléfono móvil o sin conexión a Internet. Un problema que afecta por lo menos al 6% de la población, aproximadamente a más de 400 millones de personas, y que de no gestionarse adecuadamente puede derivar en una adicción.

Te contamos en qué consiste exactamente la nomofobia, los síntomas para reconocerla, sus consecuencias y algunas pautas útiles para prevenirla o controlarla.

¿Qué es la nomofobia?

La nomofobia proviene del inglés nomophobia que, a su vez, deriva de non-mobile-phone-phobia, es decir, fobia a no tener el teléfono móvil. Básicamente, se trata de un miedo irracional, acompañado de una ansiedad extrema, que se origina cuando una persona se queda sin conexión o sin teléfono móvil, ya sea por no tener cobertura, porque se haya terminado la batería o el plan de datos, se haya estropeado el dispositivo o, simplemente, se haya extraviado u olvidado en casa.

A pesar de estar estrechamente relacionada con la adicción al teléfono móvil, la nomofobia es una condición psicológica que se caracteriza fundamentalmente por ese miedo desproporcionado, irracional e incontrolable a no poder utilizar el móvil. También comparte raíces con el síndrome FOMO, más conocido como el miedo a perderse algo, que hace referencia a esa sensación de angustia y ansiedad que tienen algunas personas debido al miedo a no estar informados de las actualizaciones o todo lo que sucede en las redes sociales o Internet en general.

Vale destacar que, a pesar de estar considerada como una condición psicológica, la nomofobia no está contemplada como un trastorno en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSMV).

¿A quién afecta la nomofobia?

La nomofobia puede afectar a cualquier persona. Sin embargo, es mucho más común entre los adolescentes y jóvenes, sobre todo de género femenino. Se estima que gran parte de las personas que sufre nomofobia son jóvenes de entre 18 y 24 años. Aunque también es una condición que puede darse en cualquier momento de la adultez o la infancia, sobre todo cuando no existen normas lo suficientemente claras respecto al uso de la tecnología en casa. 

¿Cómo saber si sufres nomofobia?

La nomofobia es una condición que se va desarrollando de manera progresiva y silenciosa, de manera que cuando venimos a darnos cuenta ya se ha instaurado. Sin embargo, existen algunas señales que pueden alertarte de que sufres nomofobia o estás a las puertas de padecerla. ¿Cómo identificarlo?

  • Miras continuamente el teléfono móvil para revisar si tienes nuevas notificaciones
  • Dedicas mucho tiempo a navegar o revisar las aplicaciones del teléfono
  • Cuando llegas a un sitio lo primero que haces es buscar dónde están los enchufes para cargar el móvil
  • Llevas siempre contigo una batería portátil para cargar el teléfono cuando lo necesites
  • Evitas ir a sitios donde no hay cobertura para no quedarte sin conexión
  • Te sientes agobiado y tenso cuando participas en actividades donde no puedes usar el móvil
  • Usas el teléfono durante las actividades de ocio como salir a correr o mientras lees
  • Te sientes ansioso cuando te dejas el móvil en casa y, si puedes, haces todo lo posible por volver a buscarlo
  • Nunca apagas tu teléfono, ni siquiera por la noche
  • Tienes conflictos con personas de tu entorno por dedicar mucho tiempo al teléfono móvil

Las peligrosas consecuencias de la nomofobia

Joven mira el teléfono móvil

Las consecuencias de la nomofobia van más allá del estado de malestar y desasosiego generado al estar lejos del teléfono móvil o cuando no se puede usar. Esta condición también puede provocar otros problemas de salud físicos y psicológicos que ponen en riesgo el bienestar de quien lo padece. Por ejemplo, se conoce que las personas que sufren nomofobia tienen un mayor riesgo a desarrollar el síndrome del túnel carpiano, una alteración en la muñeca ocasionada por el uso excesivo de la misma y que genera una extrema sensibilidad y dolor en la zona.

Asimismo, la nomofobia puede empeorar los hábitos de alimentación y afectar el adecuado descanso, a la vez que reduce el rendimiento escolar o laboral ya que aumenta la distractibilidad y afecta el desempeño. También se ha relacionado con otras alteraciones mentales como el aislamiento o la fobia social, la hiperactividad o la ansiedad. Y, en caso de no tratarse a tiempo, puede evolucionar a trastornos más complejos como la adicción al móvil.

¿Cómo prevenir o tratar la nomofobia?

La buena noticia es que la nomofobia puede tratarse. Y para ello, no es necesario renunciar al teléfono móvil y volver a la edad de piedra, sino estar dispuesto a plantar cara a este problema e implementar algunas normas para conseguirlo. He aquí algunos consejos que pueden ayudarte a evitar o combatir la nomofobia.

  1. Sé consciente del problema

Uno de los mayores obstáculos a los que se enfrentan las personas con nomofobia es no aceptar su dependencia excesiva al teléfono móvil. Sin embargo, si en realidad quieres superar este problema es fundamental que seas consciente de tu comportamiento y tus emociones, el primer paso para tomar cartas en el asunto. ¿Cómo darte cuenta de que tienes un problema?

Anota a diario, durante toda una semana, el tiempo que dedicas a revisar el teléfono móvil. Registra cada uso, así dediques solo unos segundos a revisar las notificaciones. Al final del día, haz cuentas. Si has invertido más de dos horas diarias al teléfono, es probable que sufras nomofobia. Asimismo, puedes escribir a modo de diario cómo te has sentido cuando no has podido revisar el teléfono o te has quedado sin batería. Al final de la semana, revisa tus anotaciones. Te sorprenderá descubrir cómo es tu relación con este dispositivo.

  1. Piensa antes de actuar

Si prestas atención notarás que la mayoría de las veces que revisas tu teléfono móvil lo haces de manera automática. En realidad, obedece más al impulso de comprobar si te ha llegado algo, con la satisfacción que ello genera, que una necesidad real de utilizar el teléfono. Por tanto, si quieres tratar la nomofobia y reducir tu dependencia del teléfono móvil, empieza a ser consciente de tus comportamientos y piensa antes de revisarlo.

Cada vez que sientas el impulso de revisar el teléfono, pregúntate primero, ¿por qué lo voy a hacer? ¿tengo que revisarlo ahora o puedo esperar? Estas simples preguntas te ayudarán a controlar el impulso y reforzarán tu autocontrol, haciendo que reduzcas el tiempo de uso de tu teléfono móvil.

  1. Regula el tiempo que pasas con el teléfono móvil

Si quieres prevenir o tratar la nomofobia, tu principal objetivo debería ser pasar cada vez menos tiempo con el teléfono móvil. Sin embargo, seamos realistas, esto no es algo que se consigue de la noche al día. Un buen truco para facilitarte el trabajo consiste en regular el tiempo que dedicas a este dispositivo de manera paulatina.

Si sueles pasar una media de 7 horas diarias al teléfono, reduce este tiempo a 6 horas durante el próximo mes y así progresivamente. Además, establece algunos horarios en los que no uses este dispositivo y puedas desconectar haciendo otras tareas. También puedes encontrar numerosas aplicaciones que te ayudarán a regular el uso del móvil y lograr tu propósito sin tanto esfuerzo.

  1. Planifica actividades sin el teléfono móvil

Es importante que aprendas a vivir sin el teléfono móvil. Una buena manera de hacerlo consiste en planificar actividades en las que no tengas que usar el teléfono. Desde un paseo en la naturaleza y una comida con amigos hasta salir a hacer deporte o disfrutar de tu serie de televisión favorita, hay muchas opciones a las que puedes recurrir para divertirte y pasar un rato entretenido sin tener el teléfono cerca.

Empieza planificando una de estas actividades en tu agenda diaria y, poco a poco, ve incorporando nuevas tareas en las que no tengas que usar el teléfono. Si no eres capaz de dejar el teléfono mientras estás fuera, no pasa nada, llévalo contigo, pero abstente de utilizarlo. Poco a poco tu dependencia al teléfono irá desapareciendo y serás capaz de dejar el teléfono en casa.

  1. Practica la atención plena

Practicar la atención plena no hará que tu dependencia al teléfono móvil desaparezca como por “arte de magia”, pero sin duda, te ayudará a “olvidarte” de este dispositivo durante al menos un rato. Por tanto, intenta concentrarte en lo que estás haciendo, poniendo atención a las sensaciones que experimentas y las acciones que realizas, a la vez que bloqueas todo tipo de distracción. De hecho, si no eres capaz de hacer oídos sordos a tu teléfono, silencia las notificaciones.

Hazlo cuando estás estudiando o trabajando, pero también mientras lees, cuando caminas de camino a tu destino o cuando vas en el coche. Esto no solo te ayudará a entrenar y focalizar tu atención, sino que te permitirá ganar en autocontrol emocional. De esta manera, podrás disfrutar más del momento presente y las experiencias, reduciendo cada vez más tu dependencia del teléfono.

Por último, si crees que la situación se te ha ido de las manos y no eres capaz de controlar tu dependencia al teléfono móvil, puedes buscar ayuda profesional. Existen muchos psicólogos especializados en esta alteración que pueden ayudarte a tratar tu ansiedad y brindarte recursos personalizados que te ayuden a superar la nomofobia.

 

Imagen de Yiana Delgado

Yiana Delgado

Soy psicóloga de profesión, escritora por pasión e incansable aprendiz en mi tiempo libre. Durante más de cinco años concilié estudio e investigación en el apasionante mundo de las Neurociencias. Con la ilusión de poder ayudar a más personas, me convertí en divulgadora científica y durante dos años compartí mis conocimientos sobre psicología y crecimiento personal en la radio. Tras descubrir mi vocación por la escritura, me propuse seguir ayudando a las personas a comprenderse mejor y alcanzar la vida que anhelan a través de los medios de comunicación escritos. Ahora, con más de una década de experiencia a mis espaldas, continúo promoviendo espacios de cambio y reflexión basados en el conocimiento científico.

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