Quizás alguna vez hayas escuchado hablar del mentoring. No es infrecuente ver esa palabra en textos sobre desarrollo personal o técnica empresarial; de hecho, suele aparecer acompañada de otros términos como coaching, asesorías, capacitación… Está claro que es una herramienta dedicada a potenciar las competencias profesionales, y que en algún punto impacta en el desarrollo personal, pero ¿qué significa exactamente?
Hay muchas definiciones —casi tantas como escuelas—, pero por el momento podemos acordar que el mentoring es una disciplina dedicada a realizar el potencial de una persona (un mentee o mentorizado) a través de su relación con un mentor. Generalmente, este mentor es alguien experimentado en el campo de preferencia de su mentee —aunque no siempre; ya veremos—, y se encarga de guiarlo en su crecimiento personal y profesional, transmitiendo sus saberes en el proceso.
¿Qué es el mentoring?
El término “mentor” tiene una larga historia. Su origen puede rastrearse ¡a la Odisea! Méntor es el viejo consejero en el que Odiseo delega la educación de su hijo, Telémaco, antes de partir a la guerra de Troya. Este rol era una institución en el mundo heleno; quizás el caso más famoso sea el de Aristóteles, quien fuera mentor de Alejandro Magno.
Pero el mentoring está lejos de ser historia antigua. Muchos de los más grandes emprendedores de la actualidad se han beneficiado de la influencia de un mentor experimentado. Mark Zuckerberg siempre ha agradecido la influencia que Steve Jobs tuvo en su vida; Bill Gates fue introducido en el mundo de los negocios por el inversor Warren Buffet. En parte debido a estas experiencias, muchas empresas multinacionales, como Intel o Google, lo incorporan a sus programas. Entienden que es la mejor forma de realizar el talento y el potencial de sus empleados.
La mentoría es entonces una disciplina que apela a una de las necesidades más básicas de la humanidad: el desarrollo personal y la transmisión de la experiencia.
Características
El mentoring se basa en una serie de pasos más o menos preestablecidos. El primero es, por supuesto, la escucha activa, desarrollada a partir de los hallazgos del psicólogo humanista Carl Rogers. Luego vienen las preguntas, que ayudan al mentor a localizar las fortalezas, los conocimientos y las capacidades de su mentee. Y finalmente toca hablar y opinar, con el fin de activar esas capacidades y facilitar el desarrollo de nuevas competencias.

Todo proceso de mentoring tiene además dos características fundamentales: es confidencial y bidireccional. Esto significa, por un lado, que la sesión es un lugar seguro para el mentee; y por el otro, que el mentorizado no es solo un oyente pasivo. Si bien el mentor siempre oficia de guía, una de las premisas del mentoring es que ambas partes estén abiertas al cambio.
Objetivos
En general, cuando se define un programa de mentoring, se establece también un objetivo a largo plazo. Típicamente, esto tiene lugar en la primera sesión, y nace de una propuesta del mentee que es luego aceptada por su mentor.
Estos objetivos pueden ser muy variados: desde convertirse en un líder positivo, hasta establecer una marca personal. Lo importante es que se trate de un proyecto definido, porque el mentoring trabaja con programas detallados y explícitos, estructurados a partir de metas intermedias.
Tipos de mentoring
Hay dos formas de diferenciar los distintos tipos de mentoring. Por un lado, por su contexto: el mentoring puede darse dentro de una empresa, como parte del desarrollo de sus empleados, o por fuera de ella, orientado a emprendedores. Por el otro, también pueden distinguirse distintos tipos de mentoring en función de su modalidad:
- One to one. El mentoring “clásico”. En general, se trata de sesiones privadas entre profesionales de distintas generaciones, pero pertenecientes al mismo campo. El más experimentado hace de mentor para aquel que recién se está iniciando.
- Grupal. Un mentor reúne a un grupo de profesionales de características similares y realiza sesiones conjuntas. El gran beneficio de este tipo de mentoring es la sinergia y el networking que resultan de este tipo de espacios.
- Bidireccional. En este tipo de mentoring, dos profesionales de la misma generación y de áreas distintas (aunque típicamente emparentadas) se ofrecen consejo mutuamente, y se alternan en los roles de mentor y mentee.
Beneficios del mentoring
El mentoring tiene efectos diferentes dependiendo de cuáles sean las condiciones y los objetivos del mentee. Sin embargo, a pesar de esa variación, del proceso en sí mismo puedes esperar los siguientes beneficios:
- Aprender nuevas habilidades. Este es el beneficio más obvio: el contacto entre el mentor y el mentorizado facilita el desarrollo de algunas capacidades latentes, y también la transmisión de nuevos conocimientos.
- Ampliar tu red de contactos. El mentoring es una gran forma de institucionalizar el networking (un proceso que, muchas veces, depende demasiado de las habilidades interpersonales del individuo). Contactar al mentee con alguien más experimentado redunda en muchos beneficios en este sentido; incluso, en algunas empresas, ha terminado por mejorar la relación general entre los jefes y los empleados.
- Adquirir nuevas perspectivas. El diálogo entre el mentee y el mentor provee siempre nuevas miradas sobre los viejos problemas. El mentoring es un espacio clave a la hora de pensar nuevas estrategias de desarrollo.
- Ahorrar tiempo y dinero. El mentoring es una inversión, sí, pero ante todo es una forma de evitar problemas: de esta forma, el mentee procura no chocar varias veces con la misma piedra.
- Acelerar resultados. La experiencia es un bien muy costoso. A través del mentoring, el mentorizado se asegura recibir los beneficios de la experiencia de su mentor, heredando así el saber acumulado en años. Esto sin dudas acelera su desarrollo y lo acerca a nuevos resultados.
Diferencias entre mentoring y coaching
Estas dos disciplinas tienen muchas cosas en común, pero al final del día cumplen funciones distintas. La principal diferencia entre mentoring y coaching está en el marco: el mentoring es un proceso más general, más largo, e integra más aspectos de la vida. El coaching, por el contrario, suele tomar la forma de una intervención puntual, y por eso está centrado en objetivos claros y áreas específicas. Este contraste podría resumirse de esta forma:

¿Cómo escoger un programa de mentoring?
No hay recetas seguras a la hora de elegir un programa de mentoring. Al tratarse de una decisión personal, depende en gran parte de las características del individuo que esté buscando consejo. Sin embargo, hay ciertos factores convendría tener en cuenta:
- Compatibilidad con el mentor. Sin compatibilidad, no hay nada: el vínculo entre el mentor y el mentorizado debe ser fluido y ameno. Muchas veces, una forma de facilitar esto es buscar un mentor activo, que todavía esté dentro del campo común. Así compartirán todo un universo de saberes y relaciones.
- Grupo / individual. Esta es una de las grandes decisiones que todo mentee debe tomar. ¿Qué es mejor, una mentoría individual o una grupal? Bueno, la respuesta es sencilla: depende. Las mentorías grupales suelen estar orientadas al networking y la sinergia; las individuales, al desarrollo personal y la introspección.
- Herramientas. No está de más averiguar si el ciclo de mentoring contará con un programa estructurado, instrumentos digitales y herramientas de seguimiento.
Otros recursos para introducirse al mentoring
A la hora de ingresar a este mundo, las escuelas de mentoring suelen ser una buena puerta de entrada. Muchas de ellas tienen material online —charlas, cursos y conferencias— que pueden servir como introducción a la disciplina; incluso algunas brindan workshops introductorios a distancia. Si no, siempre puedes buscar alguna en tu zona. ¡Que nada te detenga!



