Todos hemos estado tristes en alguna ocasión, hemos reído de alegría o sentido ira ante alguna situación injusta. Las emociones forman parte de nuestra vida. A través de las emociones interpretamos el mundo que nos rodea a la vez que transmitimos al entorno lo que sucede en nuestro interior. Sin embargo, lo cierto es que a menudo vivimos desconectados de nuestras emociones, no somos capaces de identificar lo que sentimos a cada momento ni de controlar nuestras reacciones, por lo que terminamos convirtiéndonos en personas impulsivas. Un problema que, afortunadamente, puede evitarse con una buena gestión de las emociones.
¿Qué es la gestión de las emociones?
La gestión de las emociones o gestión emocional hace referencia al conjunto de habilidades psicológicas que nos permiten reconocer y manejar adecuadamente nuestros estados afectivos para expresarlos de manera asertiva y evitar que controlen nuestro comportamiento. Básicamente, significa aprender a regular nuestras emociones para que estas no nos controlen a nosotros.
Sin embargo, un error muy común consiste en pensar que la gestión emocional implica reprimir nuestras emociones para adaptarnos a las expectativas de quienes nos rodean cuando en realidad a lo que hace referencia no es a lo que sentimos sino a cómo lo expresamos. En otras palabras, gestionar las emociones no significa reprimir lo que sientes, sino aprender a expresarlo de una manera más asertiva y saludable para ti y quienes te rodean.
¿Por qué es importante aprender a gestionar las emociones?
En palabras del psicólogo Paul Fraisse: «el hombre, durante mucho tiempo, ha estado más interesado en el control de sus pasiones que en el conocimiento de sus emociones». Esto nos ha convertido en analfabetos emocionales incapaces de reconocer y gestionar nuestras propias emociones. Se trata de un problema al que pocas veces prestamos atención, pero que puede tener una enorme influencia negativa en nuestra vida cotidiana.
¿Sabías que cada año se suicidan unas 700 000 personas en el mundo? En España, 5 de cada 10 personas está diagnosticada con depresión. Y trastornos como las adicciones o la anorexia aparecen a edades más tempranas. La incapacidad para comprender nuestras emociones y expresarlas de manera asertiva podría ser una de las causas de ese creciente malestar psicológico. Y es que, en el mejor de los casos, no saber gestionar nuestras emociones puede conducirnos al estrés, la ansiedad y la frustración, haciendo que nuestra vida cotidiana se nos haga cuesta arriba.
En la práctica, lo que sucede es que la incapacidad para gestionar nuestras emociones puede convertirnos en personas más reactivas e impulsivas que se dejan llevar por sus emociones actuando de manera irracional en muchas ocasiones. Esto no solo puede afectar la relación con las personas que nos rodean, generando un vínculo tóxico del que es muy difícil escapar, sino que además genera un enorme desgaste y malestar psicológico que a la larga termina cobrándonos factura.
En cambio, tener una buena gestión de las emociones y aprender a expresarlas de manera asertiva no solo puede prevenir estos riesgos, también puede ayudarnos a llevar nuestro crecimiento personal al siguiente nivel ya que:
- Nos ayuda a ser más empáticos. Ser capaces de gestionar nuestras propias emociones nos ayuda a comprender lo que sienten los demás, a la vez que nos permite estar más abiertos a entender sus razones y modos de ver la vida.
- Permite mostrarnos tal cual somos. Ser auténticos no es fácil, pero cuando aprendemos a gestionar nuestras emociones y somos capaces de expresar de manera asertiva lo que sentimos, estamos más cerca de conseguirlo.
- Nos incita a ser más reflexivos. Cuando nos tomamos un tiempo para calmarnos y evitamos que las emociones nos nublen el juicio tenemos la oportunidad de reflexionar sobre los acontecimientos con más tranquilidad.
- Contribuye a nuestro bienestar. La gestión de las emociones “negativas” puede ayudarnos a reducir el malestar psicológico que muchas veces les acompaña, haciendo que nos sintamos mejor con nosotros mismos.
- Mejora las relaciones interpersonales. Ser capaces de gestionar nuestras emociones nos ayuda a evitar enfrentamientos innecesarios y a solucionar los conflictos con las personas que nos rodean de una mejor manera.
¿Cómo puedes aprender a gestionar tus emociones?
La gestión de las emociones no es tan compleja como imaginamos. De hecho, ¿sabías que existen talleres de gestión de las emociones en niños? Y si los pequeños pueden aprender a gestionar sus reacciones emocionales, tú también puedes conseguirlo. He aquí algunas claves que pueden ayudarte a tener una mejor gestión de las emociones en el trabajo, el hogar y tu vida en general:
1- Toma conciencia de tus emociones

Todos sentimos emociones, pero pocos somos conscientes de las emociones que experimentamos a cada momento. Estamos tan ensimismados en lo que pasa a nuestro alrededor que olvidamos mirar lo que sucede en nuestro interior. Sin embargo, si quieres aprender a gestionar tus emociones, el primer paso consiste en tomar conciencia de lo que sientes. Ganar conciencia emocional no solo te ayudará a reconocer los desencadenantes de tus emociones para luego ponerles freno sino que te permitirá identificar con bastante precisión tus diferentes estados afectivos.
2- Ponle nombre a lo que sientes

¿Sabías que más allá de la tristeza, la alegría, el miedo o la ira existen unas 250 emociones y sentimientos? Aprender a reconocer ese amplio abanico emocional y poner nombre a lo que sientes en cada momento puede ayudarte a gestionar tus emociones. Así lo corroboraron neurocientíficos de la UCLA al descubrir en uno de sus estudios que etiquetar verbalmente las emociones reduce la activación de la amígdala, la estructura cerebral responsable de que dejemos de pensar de manera racional y reaccionemos de manera impulsiva cuando experimentamos una emoción muy intensa.
3- Abraza tus emociones

Desde que somos pequeños nos enseñan a etiquetar las emociones en “positivas” y “negativas”. Nos enseñan que las emociones “positivas” son buenas y debemos aceptarlas, mientras que debemos evitar a toda costa las “negativas”. Sin embargo, en realidad no existe tal distinción. Incluso las emociones llamadas “negativas” tienen una función en nuestra vida, ya que nos alertan de que algo no va bien. Por tanto, si quieres aprender a gestionar tus emociones, lo primero que debes hacer es aceptarlas incondicionalmente.
4- Convierte a la introspección en tu aliada

Poner el foco de atención en uno mismo concentrándonos en lo que sentimos y pensamos es un excelente recurso para mejorar nuestra gestión de las emociones. En este sentido, recurrir a prácticas como la meditación, el mindfulness o el yoga puede ayudarte a mirar dentro de ti mismo para, primero, descubrir qué estás sintiendo y, segundo, reflexionar de dónde viene esa emoción. Ten en cuenta que a veces no basta con regular las emociones a flor de piel sino que es necesario un trabajo de introspección más profundo para encontrar las causas que las provocan.
5- Encuentra tu propia forma de expresión

Un recurso ideal para evitar que las emociones que no sabes expresar de manera adecuada se “enquisten” en tu interior consiste en buscar una vía a través de la cual puedas canalizarlas. Mientras que para unos esa vía puede ser la escritura y para otros la escritura, hay quienes prefieren leer, dar un paseo en la naturaleza o se conforman con un simple abrazo. Encontrar tu propia forma de expresión emocional puede ser sumamente liberador y ayudarte a transmitir todo lo que guardas en tu interior.
Si no eres capaz de gestionar tus emociones por tu propia cuenta, también puedes inscribirte en un curso de gestión de las emociones para aprender algunos recursos útiles o acudir a un psicólogo que pueda ayudarte a identificar, comprender y expresar mejor lo que sientes.



