FOMO significa “fear of missing out”, es decir, “miedo a quedar fuera”. Este síndrome, fuertemente relacionado con el uso de redes sociales, se refiere a la percepción de que otros están viviendo experiencias más ricas, más importantes, y en todo sentido mejores que uno. Se relaciona así con la envidia, y puede afectar gravemente la autoestima, porque implica el descarte de lo propio y la valoración irracional de lo ajeno. Pero eso no es lo único que significa FOMO. No se trata solo de creer que uno podría estar haciendo cosas mejores —eso se parecería mucho al aburrimiento—, sino más bien de la dolorosa sensación de que hay algo fundamental que otros están viviendo, algo que uno se está perdiendo. Esa falta es lo que produce sufrimiento.
¿Qué es FOMO?
El término FOMO fue acuñado en 1996 por el analista de marketing Dan Herman, quien difundió el término en un paper del 2000 llamado «Introducing short-term brands«. La investigación del Dr. Herman se focalizaba en una nueva tendencia: los consumidores estaban cada vez más dispuestos a probar marcas nuevas, y era cada vez más raro que se mantuvieran fieles a una misma marca durante mucho tiempo. ¿La razón? El FOMO. Los nuevos consumidores temían “quedar fuera” de las últimas tendencias, entonces podían ser atraídos más fácilmente a productos desconocidos que se presentaban como osados o novedosos.
Con los años, el término fue encontrando su lugar en la psicología, como una entre tantas otras causas de estrés y ansiedad. La masificación de las redes sociales, ocurrida poco después, agudizó la tendencia, y profesionales de la salud mental de distintos tipos condujeron estudios sobre el tema. Hoy en día no hay dudas sobre la correlación entre uso de redes sociales y el FOMO, que es ya una palabra presente en el léxico de muchas personas (y en el diccionario de Oxford).
¿A quién afecta el síndrome FOMO?
El FOMO afecta, sobre todo, a los heavy users de redes sociales. Si bien estos suelen ser jóvenes, la correlación más fuerte se da con el uso del smartphone y no con variantes como la edad o el género. Las consecuencias de este síndrome incluyen estrés, depresión, ansiedad y baja autoestima, y pueden tener un impacto muy duradero a largo plazo. Comparar la propia vida con los highlights curados y seleccionados de las vidas ajenas es un hábito nocivo, que puede producir muchas distorsiones en la autopercepción y obturar en general el disfrute de vivir.
Causas del síndrome FOMO
La salud mental es un área compleja y multiforme, por lo que no es común encontrar causas únicas a trastornos de este tipo. En general, estos problemas tienen un origen multicausal, que entrecruza razones contextuales, tendencias personales y eventos particulares. Sin embargo, hay ciertas problemáticas recurrentes que es saludable tener en mente, en tanto pueden ser disparadoras de FOMO. Entre ellas están:
- Baja autoestima.
- Soledad.
- Uso intensivo de redes sociales.
Como en muchos otros trastornos, el síndrome FOMO tiene una dimensión cíclica. Sus causas se parecen mucho a sus síntomas, y en algún punto también a sus consecuencias. Quienes sufren de FOMO muchas veces buscan calmar su ansiedad entrando a redes sociales, cosa que en vez de solucionar, empeora el problema. La baja autoestima y la sensación de soledad son consecuencias esperables de sentir que los otros viven experiencias que uno no. El objetivo es entonces aprender a reconocer el ciclo, e interrumpirlo antes de que haga daño.
¿Cómo evitar el síndrome FOMO?
Hay muchas formas de evitar el ciclo que lleva al FOMO. Por supuesto, parte del proceso es encontrar las soluciones que le funcionen a uno, y para eso es necesario conocer los hábitos y las tendencias de cada persona. Sin embargo, hay varias recomendaciones que los profesionales de la salud mental suelen dar cuando tratan el tema.
1. Concéntrate en lo bueno

Gran parte del sentimiento de FOMO tiene que ver con la noción de que en la vida de uno no ocurren cosas buenas o valiosas. Esto es sobre todo un problema de perspectiva: rara vez lo que vemos de las vidas de los otros, a través del móvil, se corresponde con lo que ellos realmente experimentan. Un post de Instagram o Facebook no es más que un breve fragmento, cuidadosamente seleccionado para impresionar a una audiencia. Para quienes sufren de FOMO, ese fragmento parece más grande y más valioso que su vida entera. Es importante entonces que quienes padecen este síndrome aprendan a identificar también esos momentos de alegría en sus propias vidas.
2. Reduce el uso de redes sociales

Esta es quizás la solución más “operativa”: menos tiempo en redes sociales significa menos tiempo expuesto a la ostentosa alegría de los demás. Para quienes tienen problemas en esa área, muchos móviles tienen una función que les permite limitar el tiempo de uso de ciertas aplicaciones. Hay también ciertas apps dedicadas específicamente a tratar el uso redes. A su vez, es conveniente buscar actividades de reemplazo, algo que ocupe ese tiempo, porque tampoco es cosa de pasarlo mirando el techo. La lectura y el ejercicio son actividades fáciles de realizar, gratificantes, y que pueden realizarse sin el móvil en la mano.
3. Lleva un diario íntimo

Mucha gente siente un rechazo instintivo por esta opción, porque imagina que un diario íntimo es un cuaderno meloso y sentimental. Por supuesto, puede serlo —¡y no hay ningún problema con eso!—, pero muchas veces es además un instrumento con un impacto muy positivo en la salud mental. Un diario íntimo es un espacio donde anotar aquellos momentos buenos del día a día; un espacio, además, muy distinto a las redes sociales, porque no busca la valoración de los otros. Un diario íntimo es un lugar donde poner en palabras la experiencia íntima, subjetiva, sin preocuparse por lo que hacen o piensan los demás. Gran parte del problema del FOMO es pensar la propia vida en función de una audiencia, como una serie de experiencias aptas para ser mostradas, exhibidas y ostentadas. Un cuaderno de papel —es decir, desconectado de Internet, de rápido acceso y portable— es entonces el lugar ideal para construir un relato privado, íntimo, que ayude a valorar las propias experiencias.
4. Haz contacto con tus seres queridos

La soledad es una de las partes más dolorosas del FOMO. Para muchas personas, puede ser una sensación claustrofóbica, pero no tiene por qué serlo. Entrar en contacto con los seres queridos —amigos o familia— puede ser una forma muy sencilla de despejar los peligros del síndrome FOMO. Un mensaje o un llamado pueden ser suficiente en muchos casos, pero tampoco tiene por qué quedarse ahí: proponer actividades conjuntas puede ser una gran forma de salir de ese encierro. A quienes sufren de FOMO suele costarles asumir una actitud propositiva, pero en general es muy poco lo que se necesita para reunirse con un ser querido y pasar un buen rato. Es solo un pequeño esfuerzo, y la recompensa —el bienestar mental— puede ser enorme.



