¿Cambias con frecuencia de una actividad a otra sin terminar ninguna? ¿Te cuesta concentrarte en una misma tarea porque te distraes con facilidad? ¿Tienes problemas para recordar detalles de una conversación? ¿Se te olvidan con facilidad tus citas o planes si no los agendas? Quizá lo que te sucede es que sufres de falta de atención, un problema mucho más común de lo que imaginamos y que no solo afecta a los niños. De hecho, según un estudio realizado en Zaragoza, se estima que es una alteración con la que el 4,4% de adultos tiene que lidiar a diario.
¿Qué es el trastorno por falta de atención?
El trastorno por falta de atención, conocido por sus siglas TDA, es una alteración que se caracteriza por la dificultad para focalizar la atención. Según el manual MSD, se trata de un trastorno del neurodesarrollo de inicio temprano en la infancia que cursa con una marcada deficiencia para enfocar la atención en una actividad determinada y/o mantener la concentración en la misma a lo largo del tiempo. Su intensidad varía de una persona a otra, lo que significa que mientras que existen personas que pueden concentrarse con las condiciones ideales, otras no son capaces de enfocar su atención en una misma tarea durante más de 10 o 15 minutos.
Contrario a lo que muchos consideran, el trastorno por falta de atención no afecta solo la capacidad de concentración, sino que puede influir en otras funciones ejecutivas de la mente como la memoria a corto plazo, la autorregulación o el planeamiento. En muchos casos, las personas que sufren problemas de atención también tienen dificultades para priorizar sus tareas y organizar el día a día, así como para recordar pequeños detalles o regular su comportamiento para permanecer en una misma actividad.
¿Cuáles son las causas de la falta de atención?
La falta de atención suele ser un problema multicausal que está determinado tanto por factores genéticos y hereditarios como ambientales. Se conoce que la alteración de algunos genes, como el GMR5 y el LPHN3, puede aumentar la susceptibilidad de una persona a padecer problemas de atención. También se ha demostrado que algunos cambios en la densidad de la materia gris del cerebro y en el proceso de maduración de la materia blanca pueden influir en el desarrollo del trastorno, según un estudio de la Universidad de California.
Al igual que los genes, la herencia también desempeña un rol importante en el síndrome de falta de atención. Tener antecedentes de TDA o TDAH en la familia puede aumentar hasta 20 veces la posibilidad de sufrir problemas de atención en la infancia y la adultez. Además, ¿sabías que mantener una dieta poco saludable, rica en azúcares y grasas, puede aumentar las probabilidades de tener dificultades para concentrarse en el día a día? Así lo reveló otra investigación realizada en la Universidad de Örebro.
Asimismo, otra de las causas de la falta de atención está relacionada con el efecto que la sociedad moderna ejerce sobre nosotros. Sin duda, estar sometido a un constante bombardeo de información a través de las noticias, las redes sociales o Internet no solo nos vuelve más distráctiles ya que nos impide centrarnos en un solo contenido sino que reduce nuestra capacidad de concentración en otras tareas, como reveló recientemente un estudio. Es muy fácil percatarse de este fenómeno cuando estás haciendo un trabajo y tu mente se distrae con ese email o mensaje que te ha llegado o esa publicidad en la barra lateral que secuestra tu atención.
¿Cómo saber si tengo falta de atención?
¿Sabías que del 4,4% de los adultos que tienen problemas de atención solo el 1,4% es diagnosticado? La falta de atención es una alteración que a menudo pasa desapercibida, sobre todo en las personas que la han padecido desde la infancia. En estos casos, percatarse de que se tiene una marcada falta de concentración y atención puede ser complicado ya que, básicamente, estas personas se han habituado a vivir con el trastorno. Sin embargo, ya sea que sospeches que tienes un trastorno por falta de atención sin diagnosticar o notes que hay algo que no funciona bien en tu día a día, debes saber que existen algunas señales que pueden alertarte de que padeces esta alteración.
- Tienes dificultades para mantener la atención en tu trabajo o las actividades cotidianas.
- Te distraes con facilidad ante los estímulos externos.
- No prestas suficiente atención a los detalles, por lo que eres incapaz de recordarlos.
- Se te olvidan con facilidad citas, fechas o tareas rutinarias.
- Cometes errores de manera habitual por pequeños descuidos.
- Te cuesta organizar tareas o actividades.
- Tiendes a posponer o evitar las tareas que requieren mucha concentración.
- A veces no prestas atención a las demás personas cuando te hablan directamente.
- Te resulta difícil terminar las tareas, sobre todo las que requieren un mayor esfuerzo.
- Llevas una vida desorganizada, te cuesta establecer prioridades y seguir rutinas.
- Tienes problemas con el manejo del tiempo, a menudo aplazas tareas, llegas tarde a citas o ignoras actividades que te parecen aburridas.
- Te sientes a veces culpable por no poder terminar las tareas u organizar mejor tu día a día.
- A veces sientes que no eres capaz de conseguir lo que te propones.
- En ocasiones pierdes la motivación porque no te consideras lo suficientemente bueno.
- Te sientes estresado y agobiado porque notas que la carga se te acumula al no terminar tus tareas en tiempo.
¿Cómo se trata el trastorno por falta de atención?
Al igual que el TDAH, el tratamiento de elección en el trastorno por falta de atención sin hiperactividad suele ser farmacológico. Los medicamentos más comunes son el metilfenidato y la atomoxetina, aunque también se emplea la guanfacina, la clonidina y la anfetamina de liberación prolongada. A veces también se utilizan los antidepresivos. Obviamente, esto sumado a una terapia psicológica que recurre a técnicas de modificación del comportamiento, a la terapia cognitiva o motivacional para estimular la concentración. Sin embargo, debes saber que también existen algunas herramientas psicológicas al alcance de todos que pueden mejorar la falta de atención.
Duerme las horas suficientes
Dormir al menos 8 horas cada noche no solo te ayuda a recuperar las fuerzas para el día siguiente sino que te permite descansar la mente. Durante el sueño nuestro cerebro realiza una especie de “limpieza” que ayuda a eliminar toxinas y a organizar la información que hemos recibido durante la jornada. De ahí que a la mañana siguiente no solo tengas la mente más despejada sino que puedas concentrarte mejor y procesar más información.
Evita las distracciones
Uno de los peores enemigos de la falta de atención son las distracciones que hay en el entorno ya que te impiden mantener la concentración en una única tarea. Por tanto, un recurso útil para intentar concentrarte mejor consiste en mantener a raya esas distracciones. La idea es crear un espacio tranquilo, libre de ruidos y donde las interrupciones no tengan cabida para que puedas focalizar tu atención. Por supuesto, esto también implica silenciar el teléfono móvil y cerrar todas las pestañas de tu ordenador que no necesites.
Planifica la rutina
Es probable que al inicio te resulte difícil planificar una rutina y apegarte a ella. Sin embargo, contar con una rutina organizada, con las prioridades y los tiempos claros, es fundamental ya que cuando sabes lo que tienes que hacer las tareas se simplifican y podrás concentrarte en ellas con más facilidad. Por eso, dedica al menos media hora al día a organizar la jornada siguiente e intenta seguir tu plan a rajatabla. Con práctica y disciplina seguramente te resultará muy sencillo.
Realiza descansos a lo largo del día
Seamos realistas. A la mayoría de los mortales nos cuesta mantener la concentración en una misma tarea durante muchas horas. Por tanto, si no quieres que a la falta de atención se sume el agotamiento o sobrecarga mental, lo ideal sería que realizases algunas pausas a lo largo del día para despejar y relajar tu mente. Esto no solo te permitirá volver con más energía a la tarea en la que estabas sino que te ayudará a focalizar mejor tu atención.
Entrena la atención
Sí, la atención puede entrenarse. Existen diferentes ejercicios sencillos que pueden ayudarte a ganar en concentración fácilmente y sin mucho esfuerzo. Por ejemplo, ejercicios tan simples como localizar un número determinado entre una serie de números, encontrar las x diferencias entre dos imágenes o leer cifras numéricas en un sentido y luego en el otro puede ayudarte a mejorar tu falta de atención.
Cabe destacar que estas técnicas no deben sustituir el diagnóstico y tratamiento profesional realizado por un psicólogo o psiquiatra. Se trata de recursos útiles en los casos de falta de atención leve, a la vez que pueden ayudar a las personas con problemas de concentración más severos, pero bajo ninguna circunstancia deben suplir la atención médica especializada.
Referencias
- Valdizán, J.R. e Izaguerri-Gracia, A.C. (2009) Trastorno por déficit de atención/hiperactividad en adultos. Revista de Neurología; 48 (Supl 2): S95-S99.
- Gehricke, J. et. Al. (2017) The brain anatomy of attention-deficit/hyperactivity disorder in young adults – a magnetic resonance imaging study. PLoS One; 12(4): e0175433.
- Li, L. et. Al. (2020) Attention-deficit/hyperactivity disorder symptoms and dietary habits in adulthood: A large population-based twin study in Sweden. American Journal of Medical Genetics Part B Neuropsychiatric Genetics; 183(8):475-485.



