El estrés se ha convertido en nuestro peor enemigo. Cada vez somos más conscientes de su impacto en nuestra vida cotidiana y los peligros que encierra para nuestra salud física y mental. Se conoce que la exposición al estrés favorece la aparición de trastornos psicológicos como la ansiedad o los ataques de pánico, a la vez que aumenta las probabilidades de sufrir problemas cardíacos, gastrointestinales o incluso, alteraciones en la piel.
Sin embargo, debes saber que existen diferentes tipos de estrés y que todos no son necesariamente negativos. Vivir una mudanza, empezar un nuevo proyecto laboral, descubrir una ciudad desconocida o aprender una nueva habilidad son eventos positivos que nos hacen ilusión, pero que también puede causarnos estrés. Es lo que se conoce como eustrés.
¿Qué es el eustrés?
El eustrés, también conocido como estrés positivo, es un tipo de estrés que nos permite reaccionar rápidamente a las adversidades del día a día y/o afrontar situaciones que requieren una adaptación. El término, formado por el prefijo griego “eu” que hace referencia a algo “bueno”, se utiliza para distinguir esa reacción que nos moviliza para la acción y nos saca de nuestra zona de confort sin desencadenar respuestas psicofisiológicas perjudiciales a medio y largo plazo.
A diferencia del distrés, el estrés negativo que nos drena las fuerzas y causa angustia y ansiedad, el eustrés genera un estado estimulante y motivador que incrementa nuestra vitalidad y energía, a la vez que nos prepara para hacer frente a situaciones “habituales” de la vida que requieren un mayor esfuerzo o compromiso por nuestra parte, como reveló un estudio realizado en la Universidad Camilo José Cela. De hecho, se conoce que es un gran aliado que nos ayuda a focalizar nuestra atención y catapulta nuestra productividad, brindándonos la fuerza necesaria para afrontar cualquier desafío.
Básicamente, el eustrés sería el responsable, por ejemplo, de que podamos terminar exitosamente un proyecto laboral que nos apasiona, de que seamos capaces de dominar una ola mientras practicamos surf o nos enfrasquemos en la exploración de un nuevo destino con los ojos de un aventurero.
Un poco de estrés no tiene que ser negativo, ¿cómo te ayuda el eustrés en tu día a día?
Tener un poco de estrés no es negativo. De hecho, se trata de una respuesta psicofisiológica natural que se activa cuando una situación nos saca de nuestra zona de confort y supera nuestros recursos. Cuando nos sentimos descolocados o desbordados por un desafío, que puede ser físico o psicológico, nuestro cuerpo y mente se movilizan rápidamente para responder y adaptarse a la situación. Y eso no es malo.
El eustrés, que no es más que una pequeña dosis de estrés, no solo nos brinda ese “chute” de energía y motivación que necesitamos para poner manos a la obra y solucionar un problema, sino que nos ayuda a sentirnos más fuertes física y mentalmente. De esta manera, se convierte en un buen aliado en tu día a día que te ayuda a:
- Desarrollar una mayor resiliencia. Cuando eres capaz de movilizar tus recursos y responder de manera asertiva a un desafío, desarrollas una mayor capacidad de adaptación y sales más fortalecido de la experiencia.
- Mejorar tu rendimiento. Cuando estás un poco estresado, tu cuerpo produce más adrenalina y cortisol. Esto no solo activa tu cuerpo y tu mente, sino que te ayuda a conseguir tus objetivos con menos esfuerzo.
- Prestar más atención a tu entorno. El eustrés ayuda a que te mantengas más alerta para que puedas reaccionar de manera rápida a posibles imprevistos. Gracias a ello, estarás más atento a lo que sucede a tu alrededor.
- Regular mejor tus emociones. Contrario a lo que puedas pensar, tener una pequeña dosis de estrés te ayuda a mantener una actitud más positiva. Además, es un buen aliado para que aprendas a gestionar mejor tus emociones.
- Tener una mayor vitalidad. Sí, cuando tienes eustrés te sientes más vivo, más eufórico, más vivaz. La “culpa” es de la adrenalina y el cortisol que mejoran no solo tu sensación de bienestar, sino también tu energía.
Así puedes convertir el estrés en eustrés

Nadie quiere vivir con estrés. Pero, ¿y si pudieses transformar el estrés en eustrés y beneficiarte de sus ventajas? Esto no es sencillo, pero es posible. He aquí algunas claves que pueden ayudarte a convertir el estrés en tu aliado cotidiano.
- Toma consciencia de la situación
Cuando nos encontramos ante un evento que nos saca de nuestra zona de confort y ante el cual no sabemos cómo reaccionar es normal que nos sintamos estresados. Sin embargo, si permitimos que esa sensación de angustia se apodere de nosotros no solo terminaremos alimentando el estrés negativo, sino también bloqueando nuestra mente, sin saber qué decisión tomar y cómo actuar.
Para evitar que esto ocurra es fundamental que marques una cierta distancia emocional para tomar consciencia de la situación. Entonces, pregúntate si en realidad es tan dramática como crees. ¿Cuál sería el peor escenario posible? ¿Qué probabilidades hay de que suceda? Intenta encontrar la parte positiva de la situación. Incluso, si no puedes verla en ese momento, reflexiona sobre lo que puedes aprender de esa experiencia.
- Cambia tu diálogo interno
A veces no son las cosas que nos suceden las que nos estresan, sino nuestra interpretación de ellas. Y es que en ocasiones podemos llegar a ser muy crueles con nosotros mismos, alimentando un diálogo interno negativo y desgastante que nos impide ver las circunstancias tal cual son. El problema es que cuando avivamos esos pensamientos angustiantes es más fácil caer víctimas del estrés y de todo lo que esto conlleva.
De ahí que una buena manera de darle la vuelta a esta situación consista en cambiar esas ideas negativas por otras más positivas. En lugar de ahogarte en un vaso de agua, céntrate en cómo podrías revertir la situación. Por ejemplo, en vez de pensar que no serás capaz de sacar adelante ese proyecto que tanta ilusión te hace, céntrate en planear cómo vas a conseguirlo e inspírate en otras personas que hayan hecho algo similar antes que tú.
- Identifica tus recursos
La mayor parte de las veces nos estresamos porque pensamos que no somos capaces de solucionar los desafíos que se presentan en nuestras vidas. Piénsalo. Te estresa viajar a un sitio nuevo porque no sabes si serás capaz de desenvolverte bien en tu destino. Lo mismo sucede cuando empiezas una relación y te sientes estresado porque no sabes si serás capaz de llevarla adelante.
Pues bien, una buena forma de convertir el estrés en eustrés radica en dejar de enfocarte en tu “incapacidad” para poner el foco en tus recursos. Piensa en otras ocasiones que te hayas tenido que enfrentar a situaciones similares, ¿cómo lo solucionaste?, ¿qué hiciste? Analiza con qué recursos cuentas para afrontar ese desafío. Esto no solo te ayudará a encontrar una solución, sino que te insuflará una dosis adicional de energía.
- Toma cartas en el asunto
La inacción es uno de los mejores alimentos del estrés. Quedarse contemplando un problema, sin hacer absolutamente nada es uno de los caminos más cortos para desarrollar un estrés crónico. Y es natural. Cuando tenemos un problema rondándonos la cabeza nuestra mente se mantiene activa intentando buscarle una solución que nunca llega.
De ahí que otra buena forma de transformar el estrés en eustrés consiste en tomar cartas en el asunto. Analiza la situación y diseña un plan de acción. Proponte objetivos y comprométete a cumplirlos. ¿Funcionará? A veces sí, a veces no. Pero no permitas que la inseguridad te paralice. Recuerda que toda gran meta comienza siempre con un pequeño paso.
- ¡No olvides relajarte!
Sin duda, quizá la manera más sencilla de combatir el estrés en tu vida y dejar paso al eustrés consista en dedicar al menos una hora al día a relajarte. Esto no solo te ayudará a reducir tus niveles de adrenalina y cortisol, evitando que se acumulen en tu cerebro y te impidan descansar bien, sino que contribuirá a que mantengas tus emociones controladas.
Ya sea practicando meditación o una técnica de relajación, haciendo ejercicios de yoga o cualquier actividad física que te guste, incluso viendo tu serie favorita, leyendo un libro o dando un paseo en la naturaleza, dedica un rato cada jornada a descansar la mente y el cuerpo. Esto te ayudará a mantenerte motivado y con energía para afrontar cualquier obstáculo en el camino.
Y, por último, siempre que estés ante un nuevo desafío recuerda la acertada frase que dijo Confucio hace más de dos mil años pero que sigue siendo vigente hoy día: “Si tus problemas tienen solución, no te preocupes. Si tus problemas no tienen solución, no te preocupes”.



