Todos los días vivimos experiencias que nos provocan distintas emociones; es decir, reacciones físicas y psicológicas que nos permiten adaptarnos a las situaciones de la vida cotidiana. Mientras que las emociones negativas, como la rabia, el miedo o la tristeza, nos producen sensaciones desagradables, las emociones positivas, como la alegría, la inspiración o la diversión, provocan en nosotros una sensación de placer y bienestar.
Tener emociones positivas logra que nos convirtamos en personas más creativas y resilientes y que cultivemos fortalezas para alcanzar la felicidad. Pero ¿qué son exactamente las emociones positivas y cómo puedes generarlas? A continuación, te contamos cómo se manifiestan las emociones positivas y de qué manera puedes integrarlas en tu día a día.
¿Qué son las emociones positivas?
Las emociones positivas son aquellas emociones relacionadas con sentimientos agradables. Estas reacciones de nuestro organismo aparecen de forma natural cuando estamos frente a situaciones placenteras o cuando vivimos experiencias que disfrutamos por diferentes motivos: nos divierten, nos dan confianza, nos inspiran, nos hacen sentir orgullosos o simplemente nos gustan.
En 1998, la psicóloga social Barbara Fredickson Lee publicó su teoría de la ampliación-construcción, donde señalaba que las emociones positivas producen cambios en la actividad cognitiva y nos ayudan a desarrollar recursos de supervivencia a largo plazo. Esto se relaciona intrínsecamente con el carácter adaptativo de las emociones en general: preparan al organismo para adecuarse a determinadas situaciones.
Ejemplos de emociones positivas
En la década de 1970, el afamado psicólogo Paul Ekman confeccionó una lista de emociones básicas a partir de las expresiones faciales de las personas. Esta lista incluía, entre otras emociones, la alegría y la sorpresa. Estas dos pueden considerarse como emociones básicas positivas. Sin embargo, durante las décadas posteriores comenzaron a generarse nuevas clasificaciones de emociones, algunas elaboradas por el propio Ekman, que incluyeron una lista más extensa. A continuación, puedes leer una lista de emociones positivas:
- Felicidad
- Entusiasmo
- Gratitud
- Serenidad
- Satisfacción
- Confianza
- Esperanza
- Orgullo
- Amor
- Diversión
- Inspiración
- Interés
¿Cómo me pueden ayudar las emociones positivas?
Las emociones positivas tienen muchos beneficios para nuestro organismo. En primer lugar, son movilizadoras, porque nos motivan a mantenernos creativos y a desempeñar mejor nuestras actividades. Cuando nos sentimos alegres, inspirados u orgullosos de nosotros mismos, es más probable que desarrollemos al máximo nuestra capacidad de crear, ya que sentiremos seguridad y confianza. Además, es durante los estados de bienestar cuando proyectamos a futuro y hacemos planes, mientras que, cuando nos sentimos tristes, no solemos tener demasiadas ganas de nada.
En la misma línea, las emociones positivas mejoran la salud psicológica, aumentando considerablemente el bienestar subjetivo y la resiliencia psicológica; es decir, la capacidad emocional para enfrentar situaciones. Todo esto, según los expertos, conduce a tener un razonamiento más flexible y eficiente.

Además, algunas investigaciones han encontrado una relación entre un estado mental positivo y una mejor salud física, porque las personas que están bien emocionalmente tienen una presión arterial más baja, lo cual se traduce en un menor riesgo de padecer enfermedades cardíacas. Según los expertos, quienes experimentan más emociones positivas que negativas suelen tener bajos niveles de azúcar en sangre, lo cual pronostica una vida más larga. De cualquier manera, las investigaciones advierten que no se ha podido comprobar si las emociones positivas conducen a una mejor salud o si, por el contrario, una buena salud provoca emociones positivas.
Lo que sí se ha podido comprobar, no obstante, es que las emociones positivas conducen al éxito. De hecho, un estudio científico analizó diferentes casos y arrojó que, gracias a la experimentación de este tipo de emociones, las personas suelen tener mejores resultados en los desafíos que deben enfrentar. Por ejemplo, los alumnos que se sentían alegres e inspirados antes de un examen sacaban mejores notas que otros alumnos que no experimentaban esas emociones. Del mismo modo, los médicos que tenían estados de bienestar al momento de diagnosticar casos complejos demostraban más éxito que los médicos que manifestaban estados emocionales neutrales. En definitiva, podemos decir que las emociones positivas no son solo la consecuencia de una situación agradable, sino también la causa.
¿Cómo generar emociones positivas?
Identifícalas.
Sentirnos orgullosos por haber finalizado un proyecto; experimentar gratitud cuando alguien te hace un favor; divertirse leyendo un libro o mirando nuestra serie favorita… ¡Constantemente estamos sintiendo emociones que nos producen bienestar! Sin embargo, a veces no somos del todo conscientes de que las experimentamos; por ello, el primer paso es aprender a nombrarlas.
No será una tarea difícil: en 2016, la empresa de análisis Gallup encuestó a personas de diferentes países y arrojó que el 71% de las personas había sonreído o reído el día anterior. Seguramente tú también has tenido motivos para hacerlo: solo tienes que recordar qué sentías en esos momentos. Si quieres, puedes apuntarlas en una lista.
Intenta aumentar esa emoción.
Lee la lista que acabas de armar y concéntrate en una emoción positiva en particular. Ahora, piensa de qué forma podrías incrementarla. Supongamos, por ejemplo, que quisieras tener más confianza en ti mismo. Pregúntate profundamente de qué manera podrías aumentar esta emoción positiva y hazlo. Una opción podría ser mejorar tu postura y, por lo tanto, la imagen que proyectas de ti mismo. Otra alternativa podría ser la lectura de un libro que te dé consejos sobre la mejora de la confianza en uno mismo. ¡Las posibilidades son infinitas!
Crea una colección de experiencias positivas.
Guarda objetos que te transporten emocionalmente a situaciones alegres de tu vida. Pon a jugar toda tu creatividad: puedes pegar fotografías en la pared de momentos felices; poner a la vista algunos premios que te hagan acordar a tus logros académicos, deportivos o laborales; o simplemente escribir en una pizarra algunas citas inspiradoras. Cuando te sientas triste o desanimado, seguramente podrás recargarte de emociones positivas al contemplar tu creación.
¿Es bueno siempre tener o forzar tener emociones positivas?
Más allá de que existen formas de aumentar tus emociones positivas, debes tener en cuenta que eso no implica que haya que forzarlas. Como ya hemos establecido, las emociones positivas aparecen naturalmente cuando estamos experimentando una situación que, por algún motivo, nos genera placer: una comida deliciosa, una anécdota divertida, una charla amena con un amigo…
Por supuesto, no tiene nada de malo que, si nos sentimos un poco tristes, busquemos la forma de sentirnos mejor. Sin embargo, estar constantemente buscando experimentar emociones positivas no es una práctica sana para ti.
Las emociones positivas y negativas son necesarias en la misma medida. Cuando surja una emoción negativa, como la tristeza, la apatía, la rabia o el aburrimiento, no debes fingir que no está allí. Recuerda que las emociones negativas te ayudan a adaptarte a realidades adversas y te preparan para la supervivencia. Por ejemplo, cuando estás frente a un peligro sentirás miedo, lo cual te permitirá reaccionar. En otras palabras, las emociones negativas y positivas son normales y necesarias: las emociones negativas te pueden servir para protegerte.

En 1998, el psicólogo positivista Mihaly Csikszentmihaly publicó su libro Aprender a fluir, donde aseguraba que la clave de la felicidad es fluir. Esto implica concentrar todos los sentidos y pensamientos en lo que sucede en el momento. Las emociones positivas, entonces, aparecerán naturalmente cuando hagas algo que te gusta mucho, como pintar, patinar, realizar algún deporte, escribir, escuchar música o simplemente dar un paseo por la playa.



