Vivimos en una sociedad donde la felicidad es el estado ideal al que todos aspiramos, pero es innegable que las emociones negativas también forman parte de nuestro día a día. La rabia, la tristeza, el miedo, el asco… todas son emociones que no podemos evitar y con las que tenemos que aprender a convivir; por ello, es importante saber interpretarlas y aprender a manejarlas correctamente para sacar provecho de ellas y que no se conviertan en un problema a largo plazo. A continuación, te contamos cómo identificar las emociones negativas y por qué es tan importante gestionarlas.
¿Qué son las emociones negativas?
Las emociones negativas son aquellas que nos producen una sensación desagradable cuando las experimentamos. En general, una emoción negativa provoca un malestar psicológico acompañado de una activación fisiológica; es decir, tanto nuestra mente como nuestro cuerpo reaccionan de forma negativa ante una circunstancia determinada.
Las emociones negativas nos indican que estamos frente a una situación de riesgo o peligro para nosotros; por ello, el hecho de que sean negativas no quiere decir necesariamente que sean malas, pues son necesarias para la supervivencia y nos ayudan a adaptarnos a esas situaciones. En cambio, cuando ese malestar se hace crónico, estamos hablando de un desorden emocional.

Ejemplo de emociones negativas
En la década de 1970, el psicólogo Paul Ekman publicó el libro El rostro de las emociones, donde tomó algunos lineamientos establecidos por Charles Darwin en el siglo XIX y clasificó algunas emociones universales como la alegría, la sorpresa, la ira, el miedo, el asco y la tristeza. Estas cuatro últimas se pueden considerar como emociones negativas básicas. Pero la lista de emociones negativas no termina allí: existen muchas otras emociones negativas secundarias. Algunos ejemplos son:
- Soledad
- Culpabilidad
- Indiferencia
- Desesperación
- Vergüenza
- Desconfianza
- Celos
- Ansiedad
- Apatía
¿Es malo tener emociones negativas?
Tener emociones negativas no es malo. Como ya hemos dicho, las emociones negativas te preparan para momentos difíciles o desconocidos, por lo que son de gran ayuda en el proceso de adaptación a nuevas realidades y superación de los obstáculos.
Recuerda que las emociones negativas son emociones naturales. El estrés, el miedo, la inseguridad o la rabia son circunstancias emocionales por las que pasamos constantemente y están allí para protegerte. Por ejemplo: el miedo te ayuda a reaccionar ante un peligro; la culpabilidad quizá te dé la pauta de que has lastimado a una persona; la desesperación pone en marcha ciertos mecanismos defensivos del cuerpo; y la ira, por su parte, quizá sea la respuesta ante una injusticia. En definitiva, ¡cada emoción aparece por una razón!
Ahora que hemos establecido el poder positivo de las emociones negativas, debes saber que no debes intentar reprimirlas bajo ninguna circunstancia. De hecho, un estudio de la Universidad de Texas corroboró que evitar las emociones negativas solo las fortalece y aumenta la agresividad de quien las padece.
Por supuesto, la negatividad constante no es sana y no te ayudará a resolver ningún problema. A largo plazo, las emociones negativas pueden afectar a la salud, pues los pensamientos generan la liberación de neurotransmisores y neurohormonas que tendrán respuestas más o menos favorables en el resto del organismo.
¿Cómo diferencias las emociones positivas de las negativas?
La diferencia más importante entre las emociones negativas y las emociones positivas es que, mientras que las primeras producen sensaciones desagradables, las emociones positivas conducen a sensaciones placenteras. Entre las emociones positivas encontramos a la alegría, la gratitud, el interés, la esperanza, el orgullo, la diversión y la serenidad.
Por otro lado, como ya hemos establecido, las emociones negativas suelen ser muy importantes para la supervivencia de las personas ante momentos determinados. Las emociones positivas, por su parte, nos ayudan a sobrevivir a largo plazo, ya que, al ser movilizadoras, despiertan nuestra creatividad. ¿Has notado que, cuando estás feliz, inspirado u orgulloso de ti mismo, tienes muchas más ganas de hacer planes, terminar proyectos o pensar en cambios importantes para tu vida?
Más allá de que existen diferencias sustanciales entre ambos tipos de emociones, no olvides que todos pasamos por emociones positivas y negativas constantemente. Tenemos experiencias agradables y desagradables todos los días, y, de hecho, a veces es necesario atravesar ciertas experiencias desagradables para poder valorar algunas situaciones.
¿Cómo gestionar las emociones negativas?
Un control sobre las emociones negativas implica aceptarlas, escucharlas atentamente y aprovechar toda la información que ofrecen. A continuación, te ofrecemos 7 consejos para que logres manejarlas adecuadamente.
Identifica y acepta tus emociones negativas.

Intenta encontrar cuál es la emoción negativa que te invade. A veces nos sentimos mal pero no estamos del todo seguros de qué es lo que nos pasa. Seguramente, si haces una breve introspección, podrás nombrar claramente qué es lo que estás sintiendo. Una vez que lo hayas identificado, acéptalo. No tiene nada de malo sentirnos tristes, enfadados o temerosos de vez en cuando.
Busca la causa.

Debes adquirir consciencia de que una emoción negativa siempre nos está indicando algo. A veces, la respuesta puede ser más obvia, como el temor ante un nuevo trabajo, la tristeza ante una ruptura amorosa o el enojo por una pelea reciente con un amigo. Sin embargo, en otras oportunidades la razón no es tan evidente y deberás reflexionar un poco más para encontrarla.
Medita.

Las técnicas de meditación son muy útiles para realizar una reflexión al interior de nuestra mente. Algunas técnicas, como el mindfulness, proponen la observación y el reconocimiento de nuestros pensamientos sin juzgarlos. Esta es una estrategia muy interesante para ayudarnos a descubrir los orígenes del malestar.
¡Exprésate!

Como ya hemos dicho, reprimir las emociones negativas no conducirá a ningún sitio beneficioso para ti. Di cómo te sientes en voz alta y cuéntaselo a tus amigos y familiares. Ignorar las emociones negativas puede tener efectos muy perjudiciales en nuestras vidas, pues nos conduce a la rumia (darle vueltas en la cabeza a lo mismo una y otra vez) o, incluso, a estrategias de evitación más severas como consumo de alcohol o drogas.
Busca una respuesta.

Si bien reconocer las emociones negativas es un paso importante, el proceso debe continuar hasta deshacerte de ellas de forma natural. Obsesionarte con un estado emocional no te ayudará, y es importante que halles opciones que te distraigan y logren dar respuesta a esa necesidad que estás expresando. Por ejemplo, si estás triste puedes llamar a tus amigos para cenar, o si sientes un poco de estrés puedes ir a dar una vuelta por el parque y así reducir la ansiedad gracias a la liberación de serotonina, conocida como “la hormona de la felicidad”. En este punto, recuerda que hay diferencias sustanciales entre las emociones negativas, como la tristeza, y otras patologías como la depresión, que requieren ayuda médica.
Utiliza la memoria emocional.

Cuando te enfrentes a una situación desagradable, intenta recordar situaciones similares que hayas tenido que afrontar previamente. Por ejemplo, si tienes un inminente examen que te produce miedo, recuerda cómo resolviste situaciones similares en el pasado y cuáles fueron los resultados. Los casos de éxito pueden darte herramientas para ayudarte a reducir el malestar.
¡Cambia la actitud!
Lo más importante es que recuerdes que cada situación, incluso las más desafiantes y angustiantes, conllevan una enseñanza.



