La Navidad es una época mágica, en la que reina la alegría y la felicidad.
Una época de reconciliación con nosotros mismos y las personas de nuestro entorno.
Una época llena de ilusiones, celebraciones y tiempo con los nuestros.
O al menos eso es lo que dicta la tradición y el escenario que nos venden las redes sociales, la televisión y la sociedad en general.
Sin embargo, lo cierto es que detrás de esa imagen idílica de la Navidad se esconden muchas otras realidades. Personas que detestan esta época porque no va con su visión de la vida. Personas que se sienten más solas, deprimidas, melancólicas o menospreciadas en esta etapa del año. Personas que experimentan un gran malestar porque no pueden hacer frente a la presión económica que suscitan estas fiestas o porque atraviesan momentos difíciles incompatibles con toda esta algarabía.
Y es que, aunque no seamos conscientes de ello, las emociones en Navidad no siempre son tan positivas como esperamos.
5 maneras en las que la Navidad afecta nuestro equilibrio emocional
La Navidad no deja impasible a nadie. Sin embargo, lo cierto es que no siempre nos transmite la alegría, la tranquilidad y la paz que esperamos. A veces, lo que nos inundan son otro tipo de emociones con un matiz más negativo que ponen patas arriba nuestro equilibrio mental e, incluso, nuestra relación con nosotros mismos y las personas que nos rodean. Porque lo cierto es que, seamos o no conscientes de ello, la Navidad puede afectar nuestro estado de ánimo y nuestro bienestar emocional. ¿Cómo?
- Intensifica la sensación de soledad
La Navidad debería ser una época para pasar tiempo de calidad con los nuestros y disfrutar de planes junto a la familia y los amigos. Sin embargo, curiosamente cada vez más personas se sienten solas durante estas festividades. Según un estudio realizado en Reino Unido, se estima que este problema afecta a alrededor del 17% de la población. Ya sea porque estamos lejos de las personas que queremos, porque no nos sentimos realmente involucrados con quienes nos rodean o porque nuestros seres queridos ya no están con nosotros, todos somos vulnerables a que la soledad o la nostalgia nos invada en esta época del año.
- Fomenta la ansiedad y el estrés
Seis de cada diez adultos sufren estrés en Navidad. En gran parte a causa de las “obligaciones” que acarrean estas celebraciones, desde compartir con personas con las que ya no tenemos muchos intereses en común o asistir a cenas de empresa en las que nos sentimos incómodos hasta la “imposición” de hacer regalos que aumentan nuestro presupuesto para estas fechas. El caso es que, a menudo, las tradiciones y planes navideños que deberían ser una fuente de bienestar emocional terminan convirtiéndose en una fuente de estrés y ansiedad. De hecho, no es extraño que la venta de medicamentos ansiolíticos se dispare durante estas celebraciones.
- Genera frustración
Cuando desde pequeños nos han bombardeado con una imagen idílica de la Navidad es normal que nuestras expectativas sobre lo que deberían ser estas festividades se disparen. Sin embargo, del sueño a la realidad va un buen trecho. Y cuando nuestras expectativas no se cumplen o no resultan tan satisfactorias como esperábamos, es normal que nos sintamos frustrados. De hecho, en muchos casos esta frustración termina convirtiéndose en culpa. Culpa por no reunirnos con la familia y/o amigos, porque todo no haya salido perfecto, porque los regalos no estuvieron a la altura de lo esperado o porque sencillamente no estábamos de ánimos para divertirnos cuando lo que se espera es que la alegría inunde cada rincón del mundo.
- Afecta la autoestima y la autoconfianza
Durante la Navidad es normal que nos encontremos las redes sociales llenas de fotos de momentos mágicos y felices, escuchemos los maravillosos planes de nuestros amigos y/o compañeros de trabajo o veamos en la calle a familias disfrutando de unas fiestas aparentemente perfectas. Y es genial ser testigos de las buenas emociones en Navidad y de como los demás disfrutan de esta etapa. El problema es que si no tenemos una autoestima y autoconfianza lo suficientemente consolidadas es probable que nos comparemos con los demás, sintamos que no estamos a la altura y nuestra autovaloración caiga por los suelos. De hecho, no es extraño que muchas personas suelan sentirse mal durante esta época porque no pueden disfrutar de la Navidad como les gustaría.
- Incrementa el riesgo de depresión
¿Sabías que la Navidad puede hacer que te sientas más triste de lo habitual y aumentar el riesgo de depresión? Es lo que se conoce como “depresión blanca” o “blues de Navidad”. Un problema, afortunadamente transitorio, que está relacionado con los sentimientos de nostalgia y melancolía que se respiran por estas fechas y que se acentúa cuando echamos la vista atrás para analizar nuestro año y notamos que nuestras metas o parte de ellas no se han materializado. Una sensación que se acompaña de sentimientos de tristeza, bajo estado de ánimo, falta de apetito, insomnio y aislamiento social.
La buena noticia es que existen maneras de evitar que la Navidad afecte nuestro equilibrio emocional y, en su lugar, despierte en nosotros las mejores sensaciones de alegría, paz y tranquilidad.
¿Cómo disfrutar de las fiestas sin comprometer tu salud emocional en Navidad?

En Navidad solemos centrarnos tanto en pasar tiempo con los nuestros que olvidamos cuidar de nosotros mismos. Sin embargo, de la misma manera que es importante cultivar las relaciones con los demás, es fundamental prestar atención a lo que sentimos y cuidar de nuestras emociones en Navidad. He aquí algunos regalos emocionales que puedes hacerte para gestionar mejor tus sentimientos en esta época y conseguir el equilibrio que tanto anhelas.
- Dedica tiempo para ti mismo/a. Ya sea para leer, ir a dar un paseo o cocinar, es importante que planifiques un rato a solas durante la Navidad para disfrutar de tus pasatiempos favoritos, descansar o dedicarte al dolce far niente. No solo podrás disfrutar de tu propia compañía, sino también reflexionar sobre tu año y empezar a planificar los meses que se avecinan.
- Rechaza los planes que no te gusten. En Navidad nos sentimos comprometidos a aceptar todos los planes que nos proponen. Sin embargo, esto no solo consume la mayor parte de nuestro tiempo, sino también una gran cantidad de energía. Por tanto, no tengas miedo de rechazar aquellos planes con los que no te sientes cómodo/a o, sencillamente, no van contigo.
- Sé fiel a ti mismo/a. En pos del espíritu navideño a veces nos comprometemos a nosotros mismos por tradiciones o planes en los que no creemos. Por eso, no tengas miedo a rechazar las ideas con las que no estás de acuerdo, en decir “no” al consumismo o a las celebraciones religiosas si van en contra de tus principios. Mantente fiel a lo que piensas.
- Decide qué batallas luchar y cuáles no. La Navidad puede convertirse en un peligroso campo de minas en el que si no vamos con pies de plomo podemos terminar en una discusión peliaguda y una relación rota. Sin embargo, a veces no vale la pena. Por tanto, antes de entrar en una lucha a muerte por un tema, una opinión o actitud que no compartes, pregúntate si en realidad merece la pena.
- No finjas que todo está bien, si no es así. Con la llegada de la Navidad solemos apartar los problemas y preocupaciones para disfrutar de la magia de estas fechas. Sin embargo, si bien es cierto que desconectar de las responsabilidades por unos días puede ser positivo, tampoco se trata de hacer como si no existiesen. Fingir que todo va bien, cuando no es así y acallarnos nuestras emociones puede terminar haciéndonos más mal que bien.
Y, por último, no olvides ser feliz. Da igual cómo celebres tu Navidad, si puedes estar junto a las personas que quieres, tener los regalos que tanto deseas o disfrutar de cenas familiares mágicas, ser feliz debería ser tu prioridad los 365 días del año.



