¿Eres extremadamente cuidadoso con los detalles?
¿Prefieres hacer siempre todo tú, en lugar de delegar las tareas en otros?
¿Al final de un proyecto te das cuenta de que es mejorable y vuelves a la carga?
¿Te cuesta sentirte satisfecho con las cosas que haces porque crees que siempre puedes mejorarlas?
Si has contestado afirmativamente a estas preguntas es probable que seas una persona perfeccionista. Un rasgo de personalidad mucho más común de lo que imaginas que se caracteriza por querer alcanzar la perfección en todo lo que se hace, por lo que a menudo se relaciona con el éxito. Sin embargo, si bien es cierto que cierta dosis de perfeccionismo puede ser beneficioso en nuestras vidas porque nos ayuda a ir siempre un paso más allá, ser demasiado perfeccionista puede convertirse en una pesada carga difícil de llevar.
¿Cómo el perfeccionismo puede afectar tu vida?
Una pequeña dosis de perfeccionismo no solo es positiva, sino necesaria. Te ayuda a poner alto el listón y sacar tu mejor versión en todo lo que haces. Sin embargo, cuando eres demasiado perfeccionista tu nivel de autoexigencia se dispara, te criticas duramente y experimentas una creciente preocupación por equivocarte que puede afectar profundamente tu autoimagen y calidad de vida. ¿Por qué?
El perfeccionismo hace que te sientas insatisfecho contigo mismo
Solemos pensar que las personas demasiado perfeccionistas tienen éxito en la vida y se sienten satisfechas consigo mismas. Sin embargo, en realidad no siempre es así. Una investigación realizada en la York St John University en conjunto con la Universidad de Bath reveló que más bien ocurre lo contrario: la mayoría de los perfeccionistas se sienten descontentos e insatisfechos consigo mismos.
En gran parte se debe a que suelen autoimponerse estándares muy elevados a los que no siempre pueden llegar, a pesar de sus altos niveles de autoexigencia. Esto no solo hace que se sientan insatisfechos con su rendimiento, sino también con sus habilidades y/o cualidades.
El perfeccionismo afecta tu estado de ánimo y bienestar
El exceso de perfeccionismo también puede sumirte en un bucle de frustración e insatisfacción que termina afectando tu estado de ánimo y bienestar. Por una parte, se debe a que te anima a enfocarte en los aspectos negativos del proyecto, tu rendimiento o habilidades, haciendo que te sientas cada vez más descontento y contrariado. Por otra, a que te impide disfrutar del camino por tener la vista siempre puesta en la meta.
Lo peor es que, al final, todo esto no solo acentúa el malestar emocional, sino que también afecta el equilibrio psicológico, por lo que termina repercutiendo en otras áreas de la vida, desde la laboral hasta la social y familiar.
El perfeccionismo disminuye tu autoestima y autovaloración
Para las personas demasiado perfeccionistas no suelen haber medias tintas, o consiguen la perfección en lo que hacen o creen que han fracasado. El problema es que cuando fracasan, algo que nos sucede a todos en esta vida, se sienten insatisfechos consigo mismos y tienen la sensación de no ser lo suficientemente buenos. Y esto, a corto y a largo plazo, impacta de manera negativa en su autoestima.
De hecho, no es extraño que, a pesar de transmitir una imagen de seguridad y autoconfianza en un primer momento, muchos de los perfeccionistas tengan problemas de autoestima. ¿Por qué? Porque cuando no pueden alcanzar la perfección a la que aspiran sienten que no son capaces ni suficientes y esto afecta su autoimagen y amor propio.
El perfeccionismo aumenta tu estrés y agotamiento mental
¿Sabías que las personas demasiado perfeccionistas suelen tener niveles más altos de estrés? Así lo reveló un estudio realizado en el Netanya Academic College donde se encontró que quienes se autoexigen demasiado suelen estar más comprometidos y motivados con lo que hacen, pero también presentan niveles más altos de estrés, ansiedad y adicción al trabajo.
Esto debido a que las personas muy perfeccionistas suelen autoimponerse estándares muy elevados y se autoexigen demasiado para alcanzarlos. Como resultado, deben invertir mucho tiempo y esfuerzo en cumplir sus metas, lo que termina generándoles un gran agotamiento físico y mental, así como una enorme presión psicológica que termina pasándoles factura.
El perfeccionismo reduce tu esperanza de vida
El exceso de perfeccionismo también puede reducir tu esperanza de vida. Al menos este fue el resultado al que llegaron un grupo de investigadores de la Trinity Western University en un estudio en el que encontraron que las personas con una tendencia al perfeccionismo tenían más probabilidades de morir que aquellas que se autoexigían menos.
La relación no está del todo clara, pero todo apunta a que el perfeccionismo no solo nos hace más infelices, sino que aumenta el riesgo a sufrir algunos trastornos psicológicos como la ansiedad, la depresión, la bulimia, la anorexia o incluso, las ideas suicidas. Esto al tiempo que empeora nuestro bienestar y calidad de vida, aumentando el riesgo de sufrir alteraciones físicas.
5 claves para dejar de ser tan perfeccionista

Nadie nace siendo perfeccionista. Es la sociedad y la educación las que nos incitan a desarrollar este rasgo de personalidad. La buena noticia es que de la misma manera que se hace un perfeccionista, se puede dejar de serlo. He aquí algunas claves que pueden ayudarte a lidiar con el perfeccionismo excesivo.
- Aprende a marcar límites
Uno de los problemas a los que se enfrentan los perfeccionistas es que nunca saben cuándo detenerse porque siempre encuentran algo que mejorar. Y esto hace que entren en un bucle eterno de mejoras en el que nunca se dan por satisfechos. Una buena práctica para evitar que ocurra consiste en aprender a marcar límites. ¿Cómo? Limita el tiempo que dedicas a tus proyectos, así como el esfuerzo o energía que destinas a su consecución.
- Olvídate de las expectativas
Que tire la primera piedra aquel que nunca haya soñado mientras daba forma a un proyecto. Es normal dejar que nuestra mente vuele lejos y nuestras expectativas se disparen. Sin embargo, si no quieres caer en el bucle eterno del perfeccionismo, es importante aprender a reducir tus expectativas y proponerte objetivos concretos que puedas cumplir con más facilidad. Aterriza tus metas y concrétalas lo más posible.
- Acepta tu imperfección
Tú, yo o cualquier otro ser humano somos imperfectos. Cada uno con sus peculiaridades, sus cualidades y defectos. Cada uno con sus aciertos y sus errores. Cada uno con su propia manera de ver y ser ante la vida. Cada uno perfectamente imperfecto. Y cuanto antes aceptes esta realidad, antes podrás reducir tu nivel de autoexigencia y aprender a perdonarte cuando las cosas no salen como esperabas.
- Evita criticarte duramente
Reflexionar sobre nuestros errores o sobre lo que podemos mejorar está bien. Nos ayuda a crecer como personas y alimenta nuestra autocrítica. Sin embargo, a veces podemos llegar a convertirnos en nuestros peores críticos y ser muy duros con nosotros mismos. Y esto no conduce a ningún lado, solo reduce nuestra autoestima y amor propio. Por tanto, evita ser demasiado duro contigo mismo. Aprende a perdonar tus errores y a ser condescendiente con la persona que eres.
- Disfruta más del camino
Las personas demasiado perfeccionistas se enfocan tanto en llegar a la meta y cumplir sus expectativas que terminan olvidándose de disfrutar del camino, perdiéndose una parte importante de la vida. Por eso, una buena estrategia para evitar el perfeccionismo consiste en centrarse más en el momento presente que en el objetivo final. Esto no solo te ayudará a reducir la presión que llevas sobre tus hombros, sino que contribuirá a que vivas el día a día con mayor plenitud.
Por último, recuerda que las imperfecciones no son deficiencias, sino recordatorios de que somos seres humanos. Por tanto, no disminuyen tu valía como persona, al contrario, te ayudan a aprender algo nuevo, instándote a crecer y a convertirte en quien quieres ser. A fin de cuentas, las personas solo nos desarrollamos cuando nos caemos y aprendemos a levantarnos.



