“No podré lograrlo, soy demasiado flojo”
“No puedo confiar en nadie”
“No merezco todo lo bueno que me está pasando”
¿Cuántas veces no te has dicho estas u otras frases similares?
A simple vista pueden parecer frases inofensivas, pero lo cierto es que si las alimentamos cada día pueden terminar convirtiéndose en creencias limitantes muy poderosas que dañan tu autoconfianza y lastran tu crecimiento. Por eso, es importante aprender a reconocerlas cuanto antes e identificar la manera en la que te afectan para eliminarlas de una vez y por todas.
¿Qué son las creencias limitantes?
Todos tenemos creencias, que no son más que esas ideas o afirmaciones que damos por ciertas. A algunas les vamos dando forma a partir de nuestra experiencia, pero la mayoría nos acompañan desde niños, heredadas de la familia, los amigos o la sociedad en la que crecemos. En cierta medida, las creencias pueden resultarnos útiles en algunos casos ya que nos ayudan a analizar y/o responder ante una situación de manera rápida, lo cual puede ser particularmente positivo si nos encontramos ante un peligro.
Sin embargo, lo cierto es que en la vida cotidiana las situaciones de riesgo no son tan comunes y lo que termina sucediendo es que a menudo esas creencias terminan convirtiéndose en barreras que obstaculizan nuestra manera de ver el mundo o nuestro propio crecimiento. Es decir, se transforman en creencias limitantes, en pensamientos o ideas – a menudo negativos – que impactan de forma perjudicial en nuestra visión de la vida y acciones cotidianas.
Y es que, cuando las creencias limitantes se asientan en nuestra mente inconsciente y llegan a formar parte de nosotros, pueden convertirse en un gran obstáculo que restringe nuestro potencial y oportunidades de éxito, ya sea tanto en el ámbito laboral y social como en el personal.
5 maneras en las que las creencias limitantes coartan tu crecimiento
Las creencias limitantes nacen de nuestras interpretaciones, o de quienes nos rodean, sobre determinadas circunstancias y, una vez formadas, se alojan en lo más profundo de nuestra mente para, desde allí, condicionar nuestras reacciones y comportamientos en el día a día. Como si de un puesto de mando se tratase, impactan en todo lo que experimentas y se convierten en un obstáculo para tu crecimiento. ¿Cómo lo hacen?
- Te mantienen en tu zona de confort
Salir de la zona de confort nunca es fácil, menos aún cuando arrastras a tus espaldas un sinnúmero de creencias que limitan tu visión del mundo, reducen la confianza en ti mismo y acrecientan tus miedos. Si piensas, por ejemplo, que el mundo es un lugar inseguro o que no puedes confiar en las personas, lo más probable es que evites asumir nuevos retos o enfrentarte a desafíos en los que tengas que conectar con otras personas a tu alrededor y optes por quedarte en esa zona en la que te sientes seguro, pero en la que no sucede nada.
- Sesgan tus interpretaciones sobre el mundo
Las creencias limitantes no solo pueden hacer que des por ciertas cuestiones que no lo son, sino que, además, parcializan tu visión sobre determinados aspectos de la vida. Básicamente, funcionan como una especie de filtro que distorsiona todo lo que ves a través de él. Esto no solo hará que puedas sacar conclusiones precipitadas e interpretaciones erróneas, sino que te impedirá mantener una actitud neutra ante lo desconocido.
- Mantienen tu mente cerrada a nuevos aprendizajes
Aprender no solo implica mantener la mente abierta a nuevos conocimientos, sino también a puntos de vista y maneras de hacer las cosas diferentes a las que estamos acostumbrados. Sin embargo, cuando nos adaptamos a ver el mundo a través de nuestras creencias limitantes es mucho más complicado desaprender lo que ya sabemos para reaprender nuevos contenidos. En estos casos, nuestra mente tiende a cerrarse como una ostra, primero, porque percibe el nuevo aprendizaje como un peligro que pone en entredicho lo que daba por cierto y, segundo, porque no es capaz de concebir otras formas de ver la vida.
- Condicionan tus decisiones en la vida
Queramos o no, nuestras decisiones están condicionadas por muchísimos factores. Uno de ellos son nuestras creencias limitantes, esas afirmaciones con un enfoque negativo que damos por ciertas y que influyen no solo en la manera de ver el mundo, sino en cómo reaccionamos ante él. Cuando piensas, por ejemplo, que no puedes confiar en las personas porque antes o después te traicionarán, lo más probable es que evites conectar y/o comprometerte con quienes te rodean, empeorando así tus relaciones sociales y manteniendo una distancia emocional que evitará crear un vínculo de confianza duradero.
- Reducen tu autoestima y autovaloración
Muchas de las creencias limitantes que arrastramos sobre nuestras espaldas están relacionadas con la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos. Y esto tiene un impacto negativo enorme no solo en nuestra autovaloración, sino también en nuestra autoestima. De esta manera, termina afectando la relación con nosotros mismos, a la vez que puede influir en nuestro desempeño, en las relaciones que mantenemos con los demás o en cómo nos comprometemos con nuestras propias metas y sueños.
¿Cómo combatir tus creencias limitantes?

La mayoría de las creencias limitantes se originan en la infancia por el influjo de nuestros padres y se van consolidando a medida que crecemos, alimentándose de nuestras experiencias personales y de las de las personas que nos rodean. De hecho, existen creencias limitantes tan arraigadas que ni siquiera somos capaces de identificarlas porque habitan en lo más profundo de nuestro inconsciente. La buena noticia es que, independientemente del tiempo que lleven contigo, es posible eliminar estas creencias que coartan tu crecimiento. He aquí 3 pasos sencillos que pueden ayudarte.
Identifica tus creencias limitantes
El primer paso para combatir tus creencias limitantes consiste en identificarlas. Presta atención a los pensamientos e ideas que cruzan por tu mente, así como a la forma en la que te hablas a ti mismo. ¿Qué frases negativas te dices? ¿Cómo hablas con los demás? Céntrate en las generalizaciones que utilizas del tipo “Todo me sale mal” o “No puedo confiar en nadie” ya que a menudo estos pensamientos también son un reflejo de tus creencias limitantes.
Si lo prefieres, puedes ir anotando en un papel todas las creencias limitantes para que no se te escape ninguna.
Analiza con ojos críticos cada una de ellas
Una vez que hayas identificado tus creencias limitantes, céntrate en analizar cada una de ellas. Evalúa cuánto hay de cierto o falso en ellas. Pon en tela de juicio incluso aquellas que siempre has dado por ciertas y pregúntate si en verdad tienen sentido. Analiza cuántas de ellas han sido heredadas por tus padres, familia o personas de tu entorno y cuántas las has creado y alimentado tú mismo. ¿No estás seguro de analizar de manera crítica y neutral tus propias creencias limitantes? Puedes buscar ayuda en algún amigo o persona de confianza que te ayude a ver tus patrones de pensamiento con nuevos ojos.
Reformula tus creencias
El siguiente paso consiste en reformular tus creencias limitantes. En lugar de decirte, “No soy lo suficientemente bueno” o “No puedo confiar en nadie”, podrías decir “Quizá no se me dan tan bien algunas cosas, pero intentaré esforzarme para conseguirlo” o “Hay personas en las que no puedo confiar, pero existen otras que son merecedoras de mi confianza”. Este sencillo cambio de enfoque no solo reducirá su impacto limitante, sino que ayudará a descomponer esa creencia y hacer que abras tu mente a nuevas formas de ver y hacer.
Por último, recuerda que no eres tus creencias limitantes. Por tanto, estas no deberían pautar tu modo de ver la vida ni tus comportamientos. De la misma manera que tampoco deberían convertirse en un obstáculo para tu crecimiento personal. A fin de cuentas, tus creencias sobre el mundo son solo eso, creencias y, por tanto, pueden cambiarse.



