Solo hace unos años que la inteligencia artificial (IA) ha llegado, pero ya promete cambiarnos la vida. Desde su popularización, nuestra productividad personal se ha disparado. Ahora podemos dejar las tareas automáticas en sus manos para poner el foco en lo que más nos importa, lo cual nos facilita el trabajo y nos ahorra muchísimo tiempo. Además, todo apunta a que en el futuro podría llegar a solucionar problemas hasta ahora sin respuestas, como la cura de enfermedades crónicas o el cambio climático.
Sin embargo, cegados por sus numerosas ventajas, estamos pasando por alto el impacto que la IA puede tener en nuestro desarrollo cognitivo. Porque si bien es cierto que usar la IA en nuestro día a día puede ayudarnos a conservar energía mental y darnos el tiempo que necesitamos para estimular la creatividad, también lo es el hecho de que su mal uso puede “atrofiar” nuestra mente. Ahora después de meses de estudio, la ciencia empieza a desvelar cómo afecta la IA al cerebro y nos brinda algunas claves para evitar una deuda cognitiva.
Cómo afecta la IA al cerebro: 5 formas validadas por la ciencia
¿Sabías que la IA está cambiando la manera en la que pensamos? Y no, en la mayoría de los casos no es para mejor. Desde que usamos esta tecnología nuestra manera de procesar la información es cada vez menos efectiva, nuestra capacidad de reflexión más rudimentaria y nuestra habilidad para retener el contenido empeora. ¿Qué está pasando? Estamos dejando en sus manos todo el trabajo cognitivo y nuestra mente se empieza a volver perezosa. Así empieza a afectar la IA a tu cerebro, según dice la ciencia.
Debilita la memoria
Cuanto más trabaja la IA por ti, menos ejercitas tu memoria. Esta fue la contundente conclusión a la que llegó una investigación realizada en el Massachusetts Institute of Technology en la que a lo largo de cuatro sesiones se midió la actividad cerebral de 54 estudiantes mientras escribían ensayos sobre filantropía. Parte de esos estudiantes debía realizar el ensayo sin ayuda, otro grupo podía apoyarse en buscadores como Google y un tercero tenía acceso a ChatGPT.
Resulta que, pasadas las sesiones, el 83% de los estudiantes que usaron la IA no pudieron recordar ni una sola frase de los ensayos que acababan de escribir, algo que solo le sucedió al 11% de quienes escribieron sin la ayuda de ChatGPT. Básicamente, lo que sucede es que cuando reducimos el trabajo mental y no procesamos las ideas, recordar el contenido puede convertirse en una tarea titánica.
Reduce la agilidad mental
Usar la IA como sustituto de nuestro cerebro puede reducir nuestra agilidad mental, la capacidad de procesar información de manera rápida y eficaz para adaptarnos a las circunstancias y resolver problemas con facilidad. Esto ya que cuando dejamos de entrenar a nuestro cerebro, nuestra mente se vuelve más perezosa y le cuesta realizar incluso tareas sencillas, como recordar un número de teléfono o resumir una noticia. Es lo que hoy llamamos pereza cognitiva.
Y no es un fenómeno nuevo, cuando se popularizaron las calculadoras nuestra mente dejó de hacer cálculos y, cuando más tarde llegó el buscador de Google dejamos de recordar información porque la teníamos al alcance de la mano. ¿El problema? Esto reduce la velocidad con la que nuestro cerebro procesa la información y nos hace cada vez más lentos e ineficaces.
Deteriora el pensamiento crítico
El pensamiento crítico es una función indispensable en nuestras vidas. Es lo que te permite analizar una situación o evento, sacar tus propias conclusiones y formarte una idea sobre lo que ha sucedido. Sin esta habilidad nos convertiríamos en meras copias unos de otros porque seríamos incapaces de reflexionar. Pues bien, esta es otra de las habilidades cognitivas que la IA nos está robando.
Así lo reveló un estudio realizado en la SBS Swiss Business School en el que pidió a 666 participantes que completaran un cuestionario de 23 preguntas que evaluaba el uso de la IA, las tendencias de descarga cognitiva y las habilidades de pensamiento crítico. Los resultaros mostraron una correlación negativa entre el uso de la IA y las puntuaciones en el pensamiento crítico. En otras palabras, quienes más utilizaban la IA demostraron tener una menor capacidad para evaluar la información de manera crítica y resolver problemas reflexivamente.
Merma la neuroplasticidad
La neuroplasticidad es la capacidad que tiene nuestro cerebro para readaptar su estructura, función y conexiones en respuesta a los estímulos internos o externos. Básicamente es la habilidad que te permite aprender algo nuevo, desaprender un hábito o recuperarte tras una secuela neurológica. Sin embargo, el mal uso de la IA podría deteriorarla y ralentizar la capacidad de adaptación de tu cerebro.
Así lo comprobó el estudio del Massachusetts Institute of Technology en el que se encontró que las personas que usan continuamente la IA muestran una menor conectividad cerebral, lo cual no solo afecta su capacidad reflexiva y su memoria a largo plazo, sino también la capacidad del cerebro para readaptarse ante nuevas condiciones. Lo “peor” es que estos cambios persisten incluso tras dejar de usar la IA.
Ralentiza el aprendizaje
El aprendizaje no ocurre cuando leemos, escribimos o escuchamos una información, sino cuando nuestra mente analiza críticamente dicho contenido. Sin embargo, si en vez de poner a trabajar a nuestra mente para que procese el contenido, le pedimos a la IA que lo haga por nosotros estamos perdiendo la oportunidad de interiorizar los datos y aprender.
Un estudio de la University of Pennsylvania encontró que, si bien el uso de la IA puede mejorar el rendimiento académico a corto plazo, con el paso del tiempo las habilidades de los estudiantes empeoran y con ellas, sus resultados. Esto ya que al apoyarse en esta tecnología no son capaces de desarrollar las capacidades y conocimientos necesarios para retener el contenido y formarse una idea propia del mismo.
¿Cómo evitar que la IA atrofie nuestro cerebro?

La buena noticia es que es posible evitar que la IA atrofie tu mente. Saber cómo afecta la IA al cerebro es el primer paso, pero también es clave la manera en la que la utilizamos. Si dejamos en sus manos toda la responsabilidad de nuestras tareas, las consecuencias no se harán esperar. En cambio, si aprendemos a utilizarla como una herramienta que ayude a optimizar nuestro tiempo y trabajo, no solo evitaremos que afecte nuestras funciones cognitivas, sino que incluso puede estimular nuestro desarrollo. ¿Cómo conseguirlo?
Deja en sus manos las tareas automáticas mientras entrenas las creativas
Una buena manera de sacarle provecho a la IA sin comprometer tus funciones cognitivas consiste en externalizar solo las tareas rutinarias, como hacer búsquedas rápidas, generar listas u organizar datos. De esta manera, liberas a tu cerebro de las tareas mecánicas y tienes más tiempo y energía para concentrarte en las actividades de mayor nivel cognitivo como analizar, crear o planificar.
Utiliza a la IA como asistente personal no como sustituto de tu mente
La IA también puede ser útil como asistente de trabajo. Así te ahorra muchísimo tiempo “burocrático” y te ayuda a organizar mejor tu jornada, a la vez que fortalece tus funciones ejecutivas para que no tengas que recurrir a la fuerza de voluntad a diario. Puedes pedirle por ejemplo que diseñe tus bloques de trabajo y pausas activas, que confeccione la lista diaria de prioridades por ti o que te recuerde las reuniones de la jornada.
Analiza y revisa siempre toda la información que te brinda la IA
La IA aún está lejos de ser perfecta. Aún comete errores, tiene “alucinaciones” y arriba a conclusiones que no son adecuadas en todos los casos. Por eso es importante que en lugar de aceptar pasivamente la información que te brinda, debas revisar con cuidado el contenido y contrastarlo con fuentes externas validadas. Aunque, en cualquier caso, es conveniente que analices siempre la información que genera la IA como si de un texto o libro más se tratase. Solo de esta manera podrás mejorar tu capacidad de síntesis y análisis y aprender de verdad.
Utiliza la IA solo cuando sea necesario, no la conviertas en tu escudera cotidiana
La IA no debería convertirse en tu compañera de vida cotidiana. Utilizarla de manera puntual para buscar información o gestionar determinadas tareas puede mejorar tu productividad, pero usarla de manera continua puede generar pereza cerebral. Por eso, es importante que aprendas a utilizarla solo cuando la necesites en realidad, intentando reducir su empleo en tu vida cotidiana. Básicamente, cuanto menos la uses, más entrenarás a tu cerebro.
Nunca le pidas tareas analíticas o creativas, tu mente lo pagará
Seamos sinceros, la IA ya es capaz de redactar un texto como este con bastante decencia o de proponerte soluciones muy originales y, probablemente, efectivas. Sin embargo, cada vez que la utilizas con estos fines, tu cerebro se vuelve más perezoso y tus funciones cognitivas empeoran. ¿Realmente vale la pena? No dejes que la vaguedad, las prisas o la presión social hagan que la IA sustituya a tu cerebro.
No se trata de ir en contra del desarrollo tecnológico ni de darle la espalda a las nuevas tendencias, sino de aprender a convivir con ellas de forma inteligente. Porque la IA no debería reemplazar nuestra mente, sino complementarla. Cuando la usamos con criterio, puede convertirse en una aliada poderosa para optimizar nuestro tiempo, reducir la carga mental y potenciar nuestras capacidades cognitivas. Porque el reto no es centrarse en cómo afecta la IA al cerebro ni resistirse al cambio, sino en dirigirlo a nuestro favor.



