A todos nos ha pasado alguna vez: llevamos tiempo haciendo algo que sabemos que no nos conviene pero no sabemos cómo dejarlo de lado. Este tipo de comportamiento es muy humano, y por ende, muy común. Pero eso no quiere decir que sea inevitable. Siguiendo las pautas necesarias, siendo constante, aprendiendo a valorarnos desde otros puntos de vista y sobre todo, manteniendo la atención enfocada en lo que realmente somos y en lo que queremos hacer, podemos conseguir que muchas de esas rutinas que, lejos de aportarnos, nos obstaculizan y nos limitan, desaparezcan de nuestras vidas. ¿Quieres conocer algunos trucos para hacerlo?
¿Qué es un hábito?
Si queremos empezar a cambiar hábitos, lo primero que tenemos que hacer es conocerlos bien. Un hábito podría describirse como una especie de surco mental que vamos construyendo en nuestra mente y que nos hace tomar una dirección determinada a la hora de actuar. Cuanto más tiempo lleva un hábito instaurando en nuestro comportamiento, más profundo es el surco, y por tanto, más difícil es salir de él. Sin embargo, eso no quiere decir que sea imposible.
¿Por qué nos aferramos a comportamientos que no nos llenan?
Los surcos son mentales son cavidades que hacen que nos dirijamos por defecto en una dirección. Nos aferramos a ellos por el simple hecho de que aparentemente ese es el camino más cómodo, o sencillamente por que es el que conocemos (y lo desconocido, muchas veces, genera aprehensión). Pero —y esto es importante tenerlo en mente— hay muchos más caminos a nuestro alrededor aparte de los que conocemos o de a los que estamos acostumbrados, y estos caminos pueden desembocar en hábitos antes de lo que creemos: solo hace falta trillar esos caminos unas pocas veces y generamos un nuevo surco; esta vez en la dirección que nosotros consideremos más oportuna. El primer paso puede parecer algo complicado, pero una vez que lo demos, los siguientes pasos serán más sencillos, y a medida que avancemos la resistencia cada vez será menor.
¿Entonces, es así cómo se crea un nuevo hábito, poniéndolo en práctica?
Hay veces que nos despistamos con las palabras, con los conceptos, con las técnicas. Éstas pueden servir de apoyo, pero no son nunca lo esencial. Lo más importante es actuar. Cuanto antes realicemos el movimiento, antes nos pondremos en marcha. Esto es muy relevante a la hora de crear un nuevo hábito, y es que no hace falta más que tomar una nueva dirección de manera decidida y empezaremos a presenciar en nuestras propias carnes cómo se van abriendo nuevos senderos que, con el paso del tiempo, adoptaremos como propios y que no nos supondrán esfuerzo alguno. Y ese, de hecho, será el punto de inflexión al que debemos estar atentos; una vez que hacer algo no nos suponga un sacrificio, sabremos que hemos dado con la tecla: esa esa la dirección adecuada. Pero para dar con ella, para saber cómo hacer un hábito de manera efectiva, quizás convenga empezar por un ejercicio de reflexión profunda que nos permita entender por qué lo que hacíamos hasta ahora no era adecuado. Lo único que tendremos que hacer entonces es coger la racha de viento que nos lleve en la dirección que nos proporciona más amplitud, serenidad y alegría ¡y lo más importante de todo: aprender a disfrutarla!
¿Cómo cambiar de hábitos?
Si te preguntas cómo cambiar hábitos lo primero que deberás hacer es ir hacia el interior. ¿Qué es lo que quieres cambiar y por qué? Deberemos entender esto profundidad y estar convencidos de lo que nos conviene. A partir de aquí, es útil tener en cuenta una serie de consejos prácticos que nos allanarán el camino y nos ayudarán a vencer los obstáculos (en forma, por ejemplo, de miedo, desidia o desesperanza) que puedan ir surgiendo. Aunque no hay mejor maestro que uno mismo cuando se trata de este tipo de cuestiones, ni hay métodos infalibles ni fórmulas mágicas que sirvan para todos, tener en mente algunas pautas pueden ayudarnos a posicionarnos y tener algún punto de referencia. Aquí van algunos consejos que podrían ayudarnos en este sentido:

Identifica los malos hábitos:
Antes de aspirar a un cambio de hábitos debemos saber identificar lo que queremos cambiar. Si lo que hacemos proviene de una búsqueda de aprobación exterior, o está alimentado por el temor, el ego, o la falta de amor propio, tendremos una buena pista de dónde tenemos que fijarnos. En otras palabras, vigila qué es lo que te mueve y de dónde viene para saber si merece la pena continuar plegándote a ello, o si es mejor renunciar a su influencia y dejar que desaparezca para abrir espacio a nuevas oportunidades más saludables.

Convéncete de lo que te conviene:
Normalmente si la realización que nos impulsa a cambiar un hábito proviene desde un lugar sincero y pacífico propio, y genera una sensación de sosiego y holgura, será mucho más sencillo incorporar ese nuevo hábito en nuestra vida, entre otras cosas porque el proceso será mucho más agradable y estaremos más centrados en el momento presente a la hora de llevarlo a cabo.

Sé realista, simplifica:
Si quieres salvar el mundo —dice un famoso dicho—, empieza por ordenar tu cuarto. Así es, no te propongas metas inalcanzables que dependan de otras personas o que estén influenciados por decenas de factores externos. Céntrate en lo que puedes hacer hoy, ahora. Y, de nuevo, enséñate a ti mismo a divertirte haciéndolo: en la presencia pura está la mejor receta del éxito.

Valora la flexibilidad como un don:
¿Qué camino toma un río? El de la menor resistencia, ¿verdad? Pues así deberemos ser nosotros. Deberemos renovar nuestro compromiso día a día, y para ello deberemos revisar cuáles son nuestras prioridades y qué es lo que nos hace sentir bien. Si esto cambia en algún momento, no debemos tener reparo en tomar las curvas. Al fin y al cabo, nada es permanente ni estático, y nosotros tampoco.
Como vemos, la clave principal para cambiar de hábitos reside en ejercitar la atención plena con respecto a cómo nos sentimos y lo que necesitamos, y en ser lo suficientemente hábiles para subirnos al carro del disfrute en lo que nos propongamos. Si lo hacemos, las recompensas vendrán por sí solas.



