Hoy tenemos más acceso que nunca a la información, pero nos cuesta identificar el contenido valioso. Disponemos de mejores oportunidades de desarrollo, pero nos comprometemos menos con los proyectos que empezamos. Contamos con más recursos a nuestro alcance, pero somos cada vez más improductivos. Tenemos mejores medios para comunicarnos y trabajar, pero los utilizamos ineficazmente.
Tenemos acceso a tanto contenido que cada vez somos menos capaces de procesar y aprovechar toda esa información. Así, terminamos consumiendo la vida a grosso modo. Nos dejamos llevar por ese flujo continuo de estímulos, estando atentos a muchas cosas a la vez, pero concentrándonos cada vez menos en lo que hacemos. Aprendemos a estar pendientes de todo lo que sucede en nuestro entorno, sin darnos cuenta de que más no siempre es mejor y que en ese intento de abarcar todo, estamos perdiendo nuestra atención selectiva, esa capacidad para enfocar nuestra atención en un único estímulo que nos permite aprovechar cada oportunidad al máximo.
¿Por qué debes entrenar la atención selectiva?
La atención selectiva, ese mecanismo que te permite centrar la atención en los estímulos relevantes prescindiendo de los irrelevantes, suele activarse de manera automática cuando nos encontramos en un entorno lleno de estímulos. En estos casos, nuestro cerebro se encarga de evaluar y clasificar los diferentes estímulos según su nivel de importancia para que podamos concentrarnos en lo que en realidad nos importa sin que el entorno nos distraiga.
El problema es que, como ocurre con cualquier otra función cognitiva, si no entrenas tu atención selectiva, poco a poco vas perdiendo la capacidad de enfocar tu atención de forma automática en una única actividad y cada vez te resultará más difícil hacerlo de forma voluntaria. Como resultado, terminarás sobresaturado de información al intentar prestar atención a todo a la vez, sin ser plenamente consciente de lo que sucede en tu entorno y con una gran carga cognitiva que, a la larga, te pasará una gran factura emocional.
En cambio, cuando entrenas tu atención selectiva y la empiezas a utilizar de manera consciente en las tareas que realizas no solo aprenderás a concentrarte mejor, silenciando las distracciones de tu entorno, sino que podrás economizar tus recursos cognitivos. De esta manera, podrás mejorar tu rendimiento, serás capaz de procesar mejor los estímulos que de verdad te interesan y tendrás suficiente energía para dedicar a las actividades que son significativas para ti.
Actividades para trabajar la atención selectiva y estimular tu concentración
La mayoría de las personas no somos conscientes del mecanismo de atención selectiva que se activa en nuestras mentes cada vez que estamos siendo bombardeados por un sinfín de estímulos. Esto suele ocurrir de manera automática, independientemente de nuestra capacidad de decisión. Sin embargo, ya sea que hayamos empezado a notar que nuestra habilidad para enfocar la atención en una única tarea empeora o queramos tomar el control sobre nuestra atención selectiva, existen diferentes ejercicios de estimulación cognitiva que te ayudarán a entrenar esta función.
Obviamente, el primer paso consiste en hacer consciente tu atención selectiva. Es importante que tomes consciencia de cuándo se activa este mecanismo en tu cerebro o que, incluso, seas capaz de activarlo de manera intencionada para eliminar las distracciones del entorno mientras quieres mantener tu concentración enfocada en una actividad. Para facilitar este proceso y tener un mayor control existen algunos ejercicios de atención selectiva que pueden ayudarte.
Convierte el juego en tu aliado

El juego puede ser una forma sencilla y divertida de entrenar tu atención selectiva. Eso sí, no vale cualquier juego, deben ser actividades que te inciten a prestar atención a los detalles y clasificarlos como, por ejemplo, los juegos de encontrar las diferencias, buscar objetos, las sopas de letras o similares, de los cuales podrás encontrar muchísimas versiones. ¿Cómo funcionan? La idea de este tipo de juegos consiste en tener que detectar distintos objetos o letras en una o varias imágenes, lo cual te obliga a activar tu atención selectiva para evaluar, clasificar y elegir los objetos o letras válidas. De esta manera, pondrás a trabajar a tu atención selectiva de manera intencionada.
Practica la atención plena enfocada a un estímulo

Otra excelente herramienta para reforzar tu atención selectiva y aprender a abstraerte de las distracciones del medio consiste en trabajar tu atención plena. Esto debido a que cuando estás plenamente presente y eres consciente de lo que sucede tanto en tu interior como en tu entorno, te resulta más sencillo poner el foco de atención en un estímulo en particular y dejar en un segundo plano las distracciones. Lo mejor es que se trata de un ejercicio que puedes practicar en cualquier momento y lugar, solo necesitas tomar conciencia de tu entorno, prestando especial atención a todos los detalles, desde los colores y formas hasta texturas, olores o imperfecciones. Luego, céntrate en un único estímulo, por ejemplo, tu respiración, el vaivén de las olas o las hojas en movimiento de un árbol, de manera que el resto de las cosas que sucedan a tu alrededor pasen desapercibidas.
Diviértete pintando mandalas

Los mandalas, esos dibujos geométricos y artísticos que tienen su origen en la cultura India, no solo son un excelente recurso para estimular la relajación, potenciar la introspección y dar rienda suelta a la creatividad, sino que también pueden ayudarte a mejorar tu concentración y atención selectiva. No solo deberás estar atento para encontrar la mejor combinación de colores, sino que deberás estar muy concentrado para no salirte de las líneas, lo que te ayudará a focalizar tu atención en esa actividad mientras bloqueas las distracciones del entorno. No en vano suele ser un recurso muy útil para tratar los síntomas de desatención en las personas que padecen TDAH.
Medita, practica yoga o ejercicios de relajación

Otros ejercicios de atención selectiva que pueden ayudarte a entrenar tu capacidad para filtrar las distracciones es la meditación, el yoga o los ejercicios de relajación. Con este tipo de práctica serás capaz de concentrar tu atención en un único foco, evitando todos los estímulos irrelevantes que te rodean, de manera que aprenderás a tener el control sobre tu atención selectiva. Obviamente, al inicio es probable que te resulte difícil abstraerte de lo que sucede en tu entorno, pero con práctica, poco a poco serás capaz de controlar la manera en la que percibes los estímulos y aprenderás a clasificarlos según su nivel de importancia.
Practica deporte

¿Sabías que practicar actividad física mejora tu atención selectiva y tu concentración? Así lo corroboró un estudio realizado en la Universidad de Málaga, en conjunto con otras instituciones, en el que se halló que la actividad física de intensidad moderada tiene un efecto positivo en el desarrollo de la atención selectiva y la concentración. Entre otros factores, esto se debe a que al practicar ejercicio físico se activan algunas de las áreas cerebrales relacionadas con la atención, a la vez que aumenta la segregación de norepinefrina y endorfinas que reducen la carga cognitiva a nivel cerebral, haciendo que te sientas mucho más despejado mentalmente y, por tanto, capaz de filtrar una mayor cantidad de estímulos de tu entorno.
Por último, más allá de estos ejercicios para entrenar tu atención selectiva, también es importante que te centres en tu descanso adecuado. Con esto no solo nos referimos a dormir al menos 8 horas al día, tomarte algunas pausas a lo largo de la jornada y dedicar al menos un momento a distraer tu mente y dejar que “vuele” sola, sino también a la importancia de conocer tu mente e identificar cuándo necesitas tomar unas vacaciones, un día de descanso o desconectarte del mundo digital durante una temporada. Nuestro cerebro está preparado para funcionar a diario, pero también necesita tomarse algunos descansos que le permitan reorganizar las ideas y reducir la carga cognitiva para poder estar más atento en la vida cotidiana.



